martes, 14 de junio de 2016

Jazznécdota #81 - Un cuarteto de cuerda

La ignorancia es atrevida. Unos conocidos de un músico de jazz le pidieron que les pusiera en contacto con un cuarteto de cuerda para amenizar un evento. En vez de indicarles que el cuarteto de cuerda es una formación de música clásica (para quien no lo sepa, generalmente compuesta por dos violines, una viola y un violonchelo), y que en sus experiencias musicales él nunca había coincidido con músicos clásicos, lo que hizo fue pasarles el contacto de un grupo de jazz manouche (ese alegre y divertido estilo también conocido como gipsy jazz y popularizado en los años treinta por Django Reinhardt y Stéphane Grappelli) cuya formación incluía violín, contrabajo y dos guitarras acústicas. "Son cuatro instrumentos de cuerda. Técnicamente es un cuarteto de cuerda, ¿no?", razonaba el jazzman.

No solamente no hubo quejas; organizadores e invitados quedaron encantadísimos.

martes, 17 de mayo de 2016

Jazznécdota #80 - Lo que es tener dinero

Un amigo saxofonista ha compaginado durante años su devoción por el jazz con una enorme afición a la música de baile, ejerciendo de DJ y dando conciertos en discotecas tocando sobre bases programadas. Contratado para un evento, le preguntaron que qué necesitaba por parte de la organización para poder actuar. Les pidió un reproductor de CD de DJ, una mesa de sonido, dos pantallas de amplificación y los cables correspondientes. Tamaña fue su sorpresa cuando, al llegar al lugar, se encontró todo el equipo que había pedido recién comprado, todavía dentro de sus respectivas cajas selladas con el precinto. Por fortuna llegó con tiempo y por fortuna también tenía experiencia montando equipos, tarea que tuvo que llevar a cabo antes de empezar a tocar y/o pinchar una sola nota.

martes, 12 de abril de 2016

Jazznécdota #79 - Programar jazz en directo

Un amigo pianista conoció al dueño de un pub en una bonita zona de ocio nocturno madrileña. El propietario quería dar un cambio de imagen a su local, aparentar exclusividad y ahuyentar a cierta clientela indeseable. Creyó que programar periódicamente conciertos de jazz sería un buen reclamo para el tipo de público deseado, así que encargó al pianista programar la agenda de conciertos. El músico fue al local, estudió las características del posible escenario, las condiciones acústicas de la sala y el equipo necesario, y empezó a elaborar una lista de grupos. Como no habían acordado un caché concreto, preguntó al dueño del local que cuánto presupuesto había para pagar a los músicos, a lo que este respondió: "Ah, ¿pero los músicos de jazz cobráis? ¿No tocáis por gusto?".

Obviamente jamás se dio un concierto en ese pub.

martes, 15 de marzo de 2016

Jazznécdota #78 - El público bipolar

Hace unos años, tocando en la plaza principal de un pueblo toledano, me encontré con un público gélido, impasible, inerte. Apenas aplaudían por educación los finales de los temas. No quedaba una silla libre, pero todas parecían pobladas por maniquíes. Para más inri fue uno de los primeros conciertos en los que me hice cargo de las presentaciones. Intenté animar el cuadro con chistes y comentarios irónicos, pero nadie reaccionaba. 

Hasta que acabó el concierto. Jamás he visto a un público solicitar (exigir, diría yo) un bis con tanta pasión. Los lugareños se levantaron de sus asientos y empezaron a vitorearnos y a cantar a coro el típico "¡otra, otra!" hasta que volvimos al escenario a redondear la actuación. Una vez finalizado el espectáculo vinieron varias personas, concejales incluidos, a felicitarnos. Fue un momento tan surrealista que solo faltaban Berlanga y su cámara.

martes, 16 de febrero de 2016

Jazznécdota #77 - La reclamación

Muchos recordarán lo sucedido hace unos años en el Festival de Jazz de Sigüenza. Un espectador llamó a la Guardia Civil para protestar porque la música que estaba escuchando (a cargo de Larry Ochs) no era jazz. La anécdota dio la vuelta al mundo. 

Algo similar ocurrió hace unos meses en el mítico club madrileño Segundo Jazz, que solía incluir los jueves un grupo de versiones de pop-rock. Un espectador pidió la hoja de reclamaciones alegando que "en el nombre del sitio figura la palabra 'jazz' y esto no es jazz". En aras de evitar un pequeño escándalo, los responsables del local le invitaron a una consumición, pero el cliente fue más allá, solicitando que le pagaran el taxi que presuntamente había tomado para llegar al club y el que iba a tomar para volver a su casa. Ante sus amenazas de llamar a la policía municipal, fueron los propios dueños de Segundo Jazz los que telefonearon a los agentes. Una vez presente la autoridad, el individuo fue acumulando nervios, invalidando dos hojas de reclamaciones y, consiguiendo, por fin, rellenar la tercera. El esperpéntico episodio finalizó con uno de los policías comentando a los propietarios: "En cuanto mi superior vea esta denuncia la tira a la papelera".

martes, 12 de enero de 2016

Jazznécdota #76 - El cajón

Una de flamenco. Durante varios años un amigo pianista de jazz fue profesor de música en institutos de enseñanza secundaria. Viendo que los adolescentes no se emocionaban con la música clásica, llevó al instituto cajones flamencos para que aprendieran de forma activa. De cara a impartir las clases adecuadamente, el pianista estuvo estudiando cajón durante un tiempo, llegando a tocarlo a bastante buen nivel. No obstante el intérprete más sobresaliente de la clase era un niño gitano, buen conocedor de los palos y ritmos flamencos, que había aprendido ("mamado", como se suele decir) prácticamente desde que nació, a pesar de no contar con educación musical formal. Un día el profesor, consciente de contar con buena competencia técnica, pero sin experiencia real en el mundo de la música gitana por excelencia, le preguntó: "Tú que entiendes de flamenco, ¿qué tal toco el cajón?", a lo que el alumno respondio: "Le falta calle, profe, le falta calle".

martes, 15 de diciembre de 2015

Jazznécdota #75 - El humor no viaja

Como se suele decir, el humor no viaja. Hace tres años fui víctima de un malentendido cultural que me sigue avergonzando en la actualidad. Ocurrió en un community garden de Manhattan, uno de esos jardines en mitad de la gran manzana preservados para el cuidado y disfrute del vecindario. Los ciudadanos llevaban a cabo trabajos de jardinería, conservaban el espacio y quedaban allí para cenar y tomar unas cervezas. En esta ocasión, además, contrataron un grupo de jazz, y allí estaba yo bajo eléctrico en mano. Hacía buen tiempo y la música sonó de maravilla.

En esto que, una vez acabado el concierto, había un niño que no paraba de molestar a los presentes. Corría, saltaba, chocaba con la gente y hasta pellizcaba el trasero de las mujeres ante la pasividad de sus padres. Los que allí se congregaban intentaban utilizar la ironía para, de forma educada, hacer ver a sus progenitores que debían hacerse cargo de su hijo. "Vaya diablillo", "Ay, no se está quieto", "Aquí viene otra vez". Estas y otras expresiones similares no causaban ningún efecto en la pareja.

En ese instante el pequeño me golpeó en la cintura, a la altura de un bolsillo de mis pantalones. Creyendo acuñar un comentario ingenioso, no se me ocurrió otra cosa que decir: "Oh, my wallet!" (¡Oh, mi billetera!). Tan solo quise llamar la atención sobre el comportamiento bárbaro del niño; en ningún momento quise implicar que fuera un ladrón. Pero pasé por alto un detalle crucial: era afroamericano. Y cierta parte de la población blanca estadounidense tilda a los afroamericanos de ladrones, estereotipo contra el que llevan décadas luchando. Como europeo amante del jazz siempre he profesado una profunda admiración por los negros norteamericanos, y jamás se me hubiera ocurrido implicar esa connotación, pero en el momento no caí. No pude haber sido más desafortunado. A mi comentario siguió otro del padre: "We don't do that!" (Nosotros no hacemos esas cosas). Como quiera que en el momento no me di cuenta de lo que estaba ocurriendo, ni entendí la reacción de los presentes, continué disfrutando del jardín hasta que, llegado el momento de irme, me despedí educadamente de todos, incluido el padre. Una vez en la calle, una amiga me explicó lo sucedido con contundencia: "Has venido a Nueva York con mucho conocimiento de la lengua pero muy poco de la sociedad".

Queridos lectores, no sean tan torpes como yo y recuerden que el humor no viaja.

martes, 17 de noviembre de 2015

Jazznécdota #74 - El menú

Aunque uno crea estar curado de espanto, siempre hay vivencias que superan a todas las anteriores. Las amenizaciones de bodas son fuente de anécdotas varias. Como ya se ha comentado en este medio, a veces los responsables tratan a los músicos con desprecio y altivez. Un verano en un pueblo de Toledo tuvimos que tocar durante un largo período de tiempo, yendo a montar el equipo a última hora de la tarde y abandonando el lugar bien entrada la madrugada. Dado que el salón se encontraba en mitad de la carretera y además no queríamos abandonar nuestros instrumentos, pedimos con antelación a la madre de la novia, quien nos había contratado, que hubiese algo de cenar para los músicos. En ningún caso queríamos degustar las mismas exquisiteces que el resto de los invitados. Nos hubiera bastado con un pincho, algo para picar durante las innumerables horas que iba a durar el evento. No esperábamos gran cosa, pero desde luego nos costó creer la respuesta de la señora: "Si queréis cenar el menú son 7,35 euros por músico. Os lo descuento de la paga". 

Llevamos comida de casa.

martes, 13 de octubre de 2015

Jazznécdota #73 - Solidaridad

¿Cuál es la peor parte de un concierto? A dicha pregunta la inmensa mayoría de los músicos responderán con rotundidad: el montaje y desmontaje del equipo. Es una tarea lenta y repetitiva, implica el desarrollo de pequeños planes logísticos y a veces es físicamente pesada. Por fortuna los músicos suelen ayudarse entre ellos. Mientras uno aparca otros descargan, los amplificadores voluminosos se mueven entre dos personas, si el bajista ya ha organizado sus cosas, lo habitual es que ayude al batería a cargar sus enseres... O así debería ser. A veces la solidaridad brilla por su ausencia, no se sabe si por malicia o por ignorancia. 

Hace unos años toqué con una cantante que no tenía equipo, aparte de su micrófono. Como el lugar donde actuábamos (un centro comercial) no disponía de sistema de audio, el pianista ofreció su mesa de sonido y sus propias pantallas de amplificación. De hecho, para que el sonido no se quedara corto, llevó más equipo del que él hubiera necesitado. Como fuimos los primeros en llegar, le ayudé a cargar y organizar todos los bultos. Una vez probados los instrumentos nos dispusimos a tomar algo en el bar de enfrente. Allí nos encontramos con la cantante del grupo que, esbozando una sonrisa, nos dijo: "Llevo aquí un buen rato. Os he visto llegar, pero no quería molestaros mientras montabais".

martes, 15 de septiembre de 2015

Jazznécdota #72 - Por no tocar

Los músicos de jazz estamos acostumbrados a actuar en todo tipo de eventos, algunos de ellos inverosímiles. No obstante la palma se la lleva un trombonista cuyo cometido consistió en amenizar un festival erótico. Obviamente, mientras los músicos tocaban los actores llevaban a cabo el trabajo propio de su sector laboral en riguroso directo. Lo más bizarro de la ocasión no fue compartir escenario con los profesionales, sino tocar frente a los miembros del público que se habían presentado al concurso de tamaño del otro miembro, el viril. Mientras la banda seguía a lo suyo los concursantes, de espaldas al resto del respetable (de cara, por tanto, a los músicos), se esforzaban por agrandar su masculinidad. Insuperable.

martes, 23 de diciembre de 2014

Jazznécdota #71 - Morfeo

Actuar ante el Papa debe ser el evento más importante en la vida de un músico católico. Recientemente me contaron que, ante una de las visitas del pontífice a una gran capital, uno de los músicos seleccionados se preparó concienzudamente con suma devoción. El día del concierto se levantó, encendió la televisión y vio al Papa en directo mientras el grupo tocaba... sin él. Se había quedado dormido.

Ese día cambio a Dios por Morfeo.

martes, 25 de noviembre de 2014

Jazznécdota #70 - El ... blues

El blues es una de las bases fundamentales del jazz. Para tocar jazz no solo hace falta saber tocar blues, además hay que sentirlo y disfrutarlo. No obstante, en comparación con los temas de be-bop o las composiciones avanzadas de músicos como John Coltrane, Joe Henderson o Wayne Shorter, la típica estructura de blues de doce compases es métrica y armónicamente sencilla, habiéndose convertido en un punto de encuentro para todo tipo de músicos. Cuando no se sabe qué tocar, se hace un blues.

En cierta ocasión un músico de jazz, gran amante y conocedor del blues, estaba grabando temas con un cantante de rock. En una de las piezas, un simple blues, el cantante estaba teniendo problemas, por lo que hubo que repetir la toma varias veces, para desesperación del jazzman. En ese instante su novia le llamó por teléfono y él le respondió, elevando su voz sin querer, que ya tendrían que haber acabado de grabar, que tan solo se trataba de "un puto blues". Cuando se volvió el resto de la banda le miraba entre la sorpresa y la indignación.

martes, 28 de octubre de 2014

Jazznécdota #69 - Silencio

Silencio es el título del CD que publiqué en 2010 con el grupo de jazz fusion Tet-Quart. El título, idea del pianista Teo Gómez, es elegante y misterioso, pero además da mucho de sí. Una vez estábamos tocando en un club del centro de Madrid ante un grupo de vociferantes espectadores que no cesaban de hablar en voz alta y reír a carcajadas sin prestar atención a las evoluciones de la música. En esos momentos a uno le apetece callar al público a golpes, aunque obviamente esa no sea una opción. Lo que hice fue acercarme al micrófono y decir, con voz firme y solemne: "¡Silencio!". Los maleducados dejaron de hablar inmediatamente y se volvieron, extrañados, hacia el escenario. Continué mi presentación: "Silencio es el título de nuestro CD, ya a la venta".

De poco sirvió: siguieron hablando.

martes, 30 de septiembre de 2014

Jazznécdota #68 - Las llaves

Contaba un compañero que, actuando con un cantante indeciso, los miembros de la banda se desesperaban viendo que no entraba cuando debía. El grupo seguía dando vueltas a los acordes esperando que se arrancara a cantar, pero no acababa de decidirse. En un momento dado el pianista sacó del bolsillo su llavero y lo posó sobre el teclado. Ante la sorprendida mirada del bajista, dijo: "Ahí tiene las llaves. Que entre cuando quiera".

martes, 2 de septiembre de 2014

Jazznécdota #67 - Demasiado público

El verano no iba bien para un conocido club de jazz. A pesar de que la programación destilaba calidad el público prefería disfrutar de las terrazas madrileñas que escuchar buena música estival en un local cerrado. Debió ser por ese motivo que el gerente del lugar, perspicaz como pocos, decidió bajar considerablemente el precio de admisión al concierto estrella del estío, a cargo de una excelente banda internacional. 

Llegó el día del evento y, a medida se acercaba la hora de comienzo, continuaban entrando espectadores como si repartieran maná en el club. El malestar del responsable fue creciendo tema tras tema, corchea tras corchea. "Si la entrada fuese más cara estaría ganando más dinero", debió pensar. Llegó el descanso, comenzó el segundo pase, el público seguía disfrutando de la bebida y de la buena música. La actuación llegó a su fin y, como respuesta a los insistentes aplausos, el líder del grupo se acercó al micrófono: "Vamos a tocar un tema más". En esto que el gerente se plantó delante del escenario, se dirigió al público que abarrotaba su local y, con ostensibles gestos de enfado, dijo: "¡Eso, van a tocar un tema más, pero solamente uno, porque el precio de la entrada ya está más que amortizado!".

martes, 15 de julio de 2014

Jazznécdota #66 - El carrito

Hace poco amenicé una boda en un pueblo de Toledo. La distancia a cubrir entre el aparcamiento y la zona de la actuación era bastante grande y teníamos mucho equipo que cargar, pero los del restaurante nos dijeron que no nos preocupáramos, pues disponían de un carrito. Efectivamente, tenían un carrito... de supermercado. Cumplió su función, pero la imagen de los músicos transportando la mercancía no podía ser más precaria. Menos mal que, para hacerlo funcionar, no tuvimos que introducir una moneda.

martes, 1 de julio de 2014

Jazznécdota #65 - Otra de cantantes

Da gusto tocar con un(a) buen cantante. Todos los músicos nos basamos en las inflexiones de la voz humana para poder "cantar" con nuestros instrumentos, y acompañar bien a un(a) buen(a) vocalista es un placer incomparable. Por fortuna en España contamos con cantantes de jazz excelentes pero, por desgracia, en los márgenes de la escena jazzística acecha un buen número de iletrados musicales cuya ignorancia solo se ve superada, en algunos casos, por su prepotencia. Cierta cantante estrafalaria, ya habitual de estas páginas, suele demostrar una enorme falta de capacidad para el trabajo en equipo, culpando continuamente a su banda de todos los problemas derivados de sus propias carencias. Hasta tal punto llegaba su desprecio por el trabajo de su grupo que uno de sus músicos me comentó que, cuando tocaba con ella, en vez de acompañarla "la perseguía".

martes, 27 de mayo de 2014

Jazznécdota #64 - ¿Oído o teoría?

Uno de los debates habituales entre músicos de jazz es el relativo al conocimiento teórico o el desarrollo auditivo como fuente de saber musical. Todos los jazzmen cuentan con ambas características como base de su ejercicio artístico (salvo contadísimas excepciones, la idea del improvisador iletrado siempre ha sido un falso tópico), pero la mayoría tienen una u otra área más desarrollada. En mi caso concreto el oído tiene un claro margen de mejora, que sustituyo con un disciplinado enfoque de la partitura a abordar. A un amigo saxofonista le ocurre justo lo contrario: rarísima vez lee, y rarísima vez se ajusta al guión establecido. Un día, minutos antes de empezar a tocar como grupo base de una jam session, se le ocurrió una línea de bajo para un standard. Empezó a cantármela para que yo la aprendiera "de oído", pero saqué papel y lápiz y empecé a apuntarla. Para confirmar que la estaba entendiendo bien, le dije: "Entonces esto es en La menor, una negra con puntillo, corchea, negra...", a lo que el saxofonista puso la mano encima del papel y me dijo: "¡Déjate de matemáticas y escucha!".

martes, 13 de mayo de 2014

Jazznécdota #63 - Jazz modal

El "So What" de Miles Davis es uno de los grandes ejemplos históricos de jazz modal. En vez de enfrentarse a decenas de acordes en frenética progresión, como era habitual hasta la fecha, el solista debía ofrecer lo mejor de sí mismo improvisando sobre un par de acordes, con las limitaciones que ello conlleva. Poco después de la aparición de "So What" en el mítico álbum Kind of Blue, John Coltrane escribió su "Impressions", más rápido y con una nueva melodía, pero basado en la misma secuencia armónica. Hoy en día no es difícil escuchar ambos temas interpretados a un tempo similar, por lo que un oyente que empiece a escuchar una interpretación a la mitad del tema no sabría si se trata de uno o del otro.

Hace unos años había un grupo de jazz improvisando sobre la citada armonía en un centro comercial de Las Rozas (Madrid). Un pianista que pasaba por allí lo escuchó y, dispuesto a añadir una dosis de humor a la situación, dio instrucciones a su hijo de cinco años. En pleno solo de piano, el niño se acercó al saxofonista y le dijo: «¿Esto es "So What" o "Impressions"?», a lo que el músico le respondió sobresaltado, para disfrute del padre: «¿Tú cómo sabes eso?».

martes, 29 de abril de 2014

Jazznécdota #62 - La dimensión funcional de la música

A veces la música se percibe desde un punto de vista dicotómico cuyos extremos son el arte y ensayo (en nuestro querido jazz hablaríamos del free jazz y otras corrientes avant-garde) y la música de amenizaciones (la musique d'ameublement o "música de mobiliario", que decía Erik Satie). Como toda polarización, la dimensión funcional de la música cuenta con una gradación paulatina. En ocasiones un grupo destinado a crear un ambiente selecto con su interpretación puede tomarse ciertas licencias; otras veces hay que ceñirse al guión.

Me contaba un bajista que, amenizando el convite de una boda que estaba llegando a su punto álgido, alguien de la organización se acercó a la banda y les dijo: "Tocad música de tarta". Sorprendidos, abordaron "La chica de Ipanema" ante la notable aprobación del personal.

martes, 15 de abril de 2014

Jazznécdota #61 - Los que tenemos que tocar

Cómo está el mercado. Antes la responsabilidad de llevar público a los conciertos la compartían los músicos y las salas. En estos tiempos de crisis algunos locales han decidido hacer un sobreesfuerzo, pero otros tan solo tiran balones fuera. Me comentaba un músico que, recientemente, el responsable de comunicación de un local de música en directo había dado un toque de atención al líder del grupo porque "el pianista no está promocionando el concierto en su cuenta de Facebook".

Es en este instante cuando imagino a Gracita Morales ataviada con su cofia, sosteniendo un saxofón y diciendo con su voz peculiar: "¡los que tenemos que tocar!".

martes, 1 de abril de 2014

Jazznécdota #60 - Chavales

Ya se ha comentado en estas mismas páginas (virtuales pero páginas al fin y al cabo): hay amenizaciones en las que un músico se siente tratado como basura. Ciertos dueños de chalets, responsables de comunicación de compañías, maîtres y otros individuos se creen superiores y lo demuestran en cuanto pueden. No sólo es tarea del músico tocar bien, sino también saber estar en todos los sentidos. Hace unos meses un saxofonista pidió al responsable de una finca que hubiera unas sillas sobre el escenario. Aquél gritó a uno de los camareros: "¡Trae unas sillas para estos chavales!". El artista le agarró del hombro, le miró fijamente a los ojos y le dijo con seriedad: "Chavales no. Señores".

Trajeron las sillas, trajeron bebida, les dieron de cenar. Y, lo más importante, les trataron con respeto.

martes, 18 de marzo de 2014

Jazznécdota #59 - Morriña

Estar de gira implica una constante lucha interna entre sentimientos encontrados. Por un lado tocar en directo por el mundo es lo que todo músico ansía. Por otro los viajes continuos y la adaptación a los cambios de climas y culturas pasa factura. A medida avanza el tour se echa cada vez más de menos a las personas, los lugares y las costumbres del país de origen, a veces de forma enfermiza. Me contaba un percusionista que, estando en Japón con un cuadro flamenco, varias veces al día un gitano de la compañía sacaba del bolsillo de su camisa un trozo de jamón plastificado, lo acercaba a su nariz, inspiraba... y suspiraba. 

martes, 4 de marzo de 2014

Jazznécdota #58 - Implicación

Muchas veces los grupos de música no son tales. Especialmente en estilos más comerciales (pop, rock) hay veces en que se contrata a músicos para grabaciones concretas sin que se integren en la dinámica de la banda. Es habitual, incluso, ver discos de cantantes donde el nombre del resto de los intérpretes no aparece en los créditos. Actitud puramente profesional: el músico llega, graba, cobra y se va. 

Es fácil suponer que tal modus operandi puede disminuir el nivel de implicación, pero en ciertas ocasiones la falta de compromiso viene del otro lado. Hace unos cuantos años un bajista grabó unos temas para el disco de un conocido cantante español de pop. Cuando el CD salió al mercado la compañía no tuvo a bien enviarle una copia, a pesar de que el músico les llamó en repetidas ocasiones. Desesperado, acabó comprando el disco en el que él mismo había grabado, pero se aseguró de que la compañía no se lucrara a su costa: lo adquirió en el "top manta".

martes, 18 de febrero de 2014

Jazznécdota #57 - La vecina

Se encontraba un saxofonista amenizando la velada en un bar cuando, de repente, entró por la puerta una señora con dos perros diciendo: "Soy la vecina del primero". Sobresaltado, el músico dejó de tocar y se preparó para, presumiblemente, escuchar una queja por el ruido. Pero la intervención de la vecina fue, cuando menos, sorprendente: "Me gusta mucho lo que está tocando. ¿Podría dejar la puerta del bar abierta para que le escuche desde mi casa?".

martes, 4 de febrero de 2014

Jazznécdota #56: ¿Estáis sordos?

Contaba un batería que, tocando en un local por Extremadura, tuvo que aguantar durante todo el concierto a un ruidoso grupo de "espectadores" que no paraban de charlar en voz alta, ignorando por completo las evoluciones de la música. Avanzada la actuación, en un descanso entre temas golpeó su pedal de bombo de forma estruendosa, sobresaltando al "respetable", que se volvió a mirarle entre la sorpresa y la indignación. El batería les devolvió la mirada, a la que añadió el siguiente comentario: "Pensaba que estábais sordos, pero ya veo que no".

martes, 21 de enero de 2014

Jazznécdota #55: La importancia de las presentaciones

Se dice que los músicos de jazz estamos tan centrados en la música que nos olvidamos de todo lo demás. Además de criticar nuestro atuendo, a veces también recibimos comentarios sobre las presentaciones que hacemos entre tema y tema. El verano pasado, al acercarse el descanso de un concierto en un club madrileño, el pianista quiso sugerir a los asistentes que disfrutaran de una copa hasta el comienzo del segundo pase. Lo hizo con el siguiente lapsus linguae: "Vamos a tocar un tema más y nos vamos a ir al descanso para que podáis consumar tranquilamente".

Por fortuna nadie le hizo caso, al menos en público.

martes, 7 de enero de 2014

Jazznécdota #54: La crisis

Las consecuencias de la crisis económica han sido devastadoras para los músicos, y a todos los niveles. Hace pocos años actuó en Madrid un grupo inglés tangencialmente asociado con el jazz que cuenta con bastantes seguidores. El concierto, en una sala de tamaño considerable, fue un éxito de música y público, y la banda se vio obligada a tocar un tema extra como bis para gozo del respetable. Ya acabada la actuación, con las luces del local encendidas y la gente saliendo de la sala, se organizó un pequeño revuelo: los músicos habían vuelto al escenario. ¿Iban a interpretar un segundo bis? No, por falta de presupuesto ellos mismos estaban recogiendo sus instrumentos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Jazznécdota #53: El micrófono

A veces los técnicos de sonido tienen ocurrencias, cuando menos, curiosas. En otras ocasiones uno duda de si se trata de un auténtico técnico de sonido. En un concierto sobre la terraza de un conocido hotel madrileño, el supuesto técnico vio entre sus enseres un micrófono para bombo de batería y, juzgando por su forma, lo situó sobre un pie para que lo usara la cantante.

martes, 10 de diciembre de 2013

Jazznécdota #52: Cuidado con los móviles

Dicen que el batería Vinnie Colaiuta es capaz de comer sushi con las baquetas mientras toca. Yo toco con uno que puede enviar mensajes SMS desde su móvil en mitad del concierto sin que se note. Peor fue lo que le ocurrió a otro baterista: en el concierto inaugural de una nueva jam session, hace ya unos cuantos años, recibió en su móvil la llamada de un saxofonista que estaba intentando localizar el local. Creyendo que no se iba a notar mucho, siguió marcando el swing en el platillo ride con su mano derecha mientras sostenía el móvil con la izquierda y dialogaba con su compañero. Pasados unos segundos su cerebro no pudo con tanta disociación de tareas: sin darse cuenta dejó de tocar y salió del club, siempre pegado a su móvil, para dar indicaciones al saxo.

martes, 26 de noviembre de 2013

Reflexión #9: La preservación del jazz

Todas las artes cuentan con su debate particular entre clasicistas y modernistas, entre conservadores y progresistas. En lo relativo al jazz el tema viene de lejos. El be-bop recibió fortísimas críticas de público y músicos (recordemos al guitarrista Eddie Condon exclamando "¡nada de jazz progresivo!" cuando a una camarera se le cayó la bandeja causando un fuerte estrépito), muchos consideraron a Ornette Coleman, padre del free jazz, como un auténtico proscrito, y los seguidores de Miles Davis en los años cincuenta se rasgaron las vestiduras al escuchar su giro eléctrico de finales de los sesenta. Fue en esa década cuando se acusó a los Beatles de encabezar la "invasión británica" que favorecía el coqueteo de muchos jazzmen con las músicas comerciales, algo más que habitual en los años setenta tras la aparición de Jimi Hendrix y los primeros grupos de jazz-rock y jazz fusion. En los ochenta emergió la figura de Wynton Marsalis y su fundamentalista vuelta a los origenes. Demasiado tarde: el jazz ya era una música universal y los nuevos mestizajes no solo eran estilísticos, sino folclóricos (véase la escena europea de los últimos quince años).

Voy a abandonar, por una vez, mi neutralidad habitual, tomando una posición clara en lo relativo al jazz: la tradición es la base, hay que conocerla, respetarla, admirarla y construir a partir de ella; pero (y se trata de un gran pero) el jazz ha sido un arte de fusiones y evoluciones desde sus comienzos, y solo a través de la curiosidad y la sinceridad de los intérpretes podremos hacer que esta nuestra música perviva con buena salud. Los orígenes aunaron influencias de África y Europa, Jelly Roll Morton sustentaba la idea del "toque español" en su música y el be-bop demostró que los músicos de jazz eran más que simples "entretenedores" (permítaseme la traducción forzada del inglés entertainer). La bossa nova aportó nuevos colores pero, curiosamente, recibió menos críticas. ¿Por qué el jazz podía abrazar a Brasil y no, pongamos por caso, a Suecia? Sea como fuere, los pasos que han llevado al jazz a ser lo que es hoy en día son innegables, y las posturas más cerradas no van a conseguir que esta forma artística deje de evolucionar.


Recalco, no obstante, mi devoción hacia la tradición jazzística. Por ese motivo hace casi dos años viajé a Nueva Orleáns, la cuna de Louis Armstrong, la de nuestra música, deseoso de encontrar momentos que me iluminaran y me hicieran crecer como músico. La verdad es que los encontré, disfrutando de lo lindo con varias bandas locales, escuchando el lenguaje del jazz tradicional como nunca antes lo había hecho, y tomando muchas notas mentales para aplicar en el futuro. Decidí culminar la experiencia acercándome a uno de los templos jazzísticos por excelencia: el Preservation Hall. Fundado en 1961, su intención es la de proteger y honrar el jazz de Nueva Orleáns (la redacción no es capciosa, está traducido de su página web). La Preservation Hall Jazz Band lleva décadas interpretando esa música tradicional por todo el mundo, y su carácter de institución convertía su cuartel de operaciones en una visita obligada.


Tras esperar hora y media de cola conseguí entrar al tercer pase, cerca de las once de la noche. El lugar es oscuro y claustrofóbico, y la mayor parte del público debe presenciar la actuación de pie, pero había que hacer el esfuerzo. Tamaña fue mi sorpresa cuando me encontré ante un sexteto de músicos cansados, desganados, apareciendo sobre las tablas cinco minutos después de que les presentaran y con una actitud totalmente apática. El tubista apenas daba tres de cada cuatro notas, el saxo emitía constantes chillidos, y se pudieron escuchar fraseos de la época del be-bop, copiados directamente de Charlie Parker, en un contexto anterior, de jazz de Nueva Orleáns que supuestamente se iba a "proteger y honrar". Por supuesto el gran público, turistas en su inmensa mayoría, no acertó a identificar estos elementos, aplaudiendo animadamente cada una de las canciones de la banda. O, al menos, de las tres primeras, que fueron las que aguanté en el sitio. Estafado, me encaminé hacia otro local de la cercana Bourbon Street, hacia otro local cualquiera, ya que en cualquiera de ellos se estaba haciendo un jazz más sincero.


Y es que esto es lo que ocurre cuando se quiere proteger y preservar un ente vivo: que se acaba convirtiendo en una pieza de museo, la gente paga por verlo e intenta admirarlo, pero nadie lo entiende.

martes, 12 de noviembre de 2013

Jazznécdota #51: Que sean monos

Hace unos meses la organizadora de un evento se acercó por la jam session en busca de músicos de jazz aptos para amenizar su celebración, la presentación de una campaña en una boutique de la exclusiva calle de Serrano, en Madrid. Como muchas de las personas que ostentan esos cargos, sabía poco de música y nada de jazz. Además sus criterios de selección eran bastante desconcertantes, de acuerdo a las características estilísticas de los intérpretes. Sagaz como pocos, el batería se dio cuenta de lo que ocurría, obteniendo respuesta afirmativa a la siguiente pregunta: "Te da igual cómo toquen, tú lo que quieres es que los músicos sean monos, ¿verdad?".

He de confesar que mi indignación se acabó convirtiendo en vanidad: fui seleccionado.

martes, 29 de octubre de 2013

Jazznécdota #50: Religión

La reapertura de un club de jazz siempre es motivo de alegría y de agradecimiento a las personas que lo hacen posible. En cierta ocasión, la nueva administradora de un local que acababa de volver a abrir sus puertas fue más allá, ofreciendo una charla al público en medio del concierto inaugural donde, cual dramaturga griega, dirigía sus agradecimientos a la divinidad. Después de un buen rato dando gracias a Dios, el Señor, el Padre Celestial y otro tipo de epítetos de similar calaña, el pianista se levantó y gritó (ocasionando una sonora carcajada por parte del público): "¡Aleluya!".

martes, 15 de octubre de 2013

Jazznécdota #49: Poca asistencia

Hace poco me hablaron de un par de conciertos de club suspendidos por falta de público. Mi récord personal fue tan triste como surrealista. Ocurrió el sábado 3 de julio de 2010, actuando a dúo en un pequeño café madrileño cercano a la Plaza Mayor. Fue la noche en que España venció a Paraguay en los cuartos de final del mundial de Sudáfrica, que acabó ganando nuestra selección nacional; y coincidió con la celebración del Día del Orgullo Gay. Madrid tenía cosas más importantes que hacer que verme tocar.

Incluso en esas condiciones conseguimos contar con la nada desdeñable cifra de dos espectadores, que por momentos fueron tres: en mitad del concierto (un íntimo recital de boleros y canciones latinas) una señora entró al local atendiendo una llamada telefónica a voces. Ni corta ni perezosa se sentó en una de las banquetas y continuó hablando hasta el final de la conversación, tras la que abandonó el local.

martes, 1 de octubre de 2013

Jazznécdota #48: Montar la batería

El año pasado actué en un local del centro de Madrid que cuenta con batería propia. Al llegar vi al baterista del grupo intentando acoplar las distintas partes del kit percusivo sin éxito. El bombo (ese tambor grande que se activa con un pedal) contaba con dos incisiones superiores donde acoplar más tambores y, se hiciera como se hiciera, el resultado no era satisfactorio, ya que la disposición de los tambores impedía colocar los platillos en el espacio adecuado. Estuvimos un buen rato analizando el problema como si de un reto matemático se tratara. Se unieron a la comisión un amigo guitarrista y, posteriormente, el dueño del local, con visible enfado. Nos parecía increíble que fuera tan complicado montar una batería que se había usado durante años.

El misterio se resolvió en unos minutos: los tambores no cuadraban y las distancias no eran las correctas porque el bombo estaba al revés.

martes, 17 de septiembre de 2013

Jazznécdota #47: Transportar un contrabajo

El contrabajo es un instrumento que levanta pasiones y odios a partes iguales entre quienes lo tocamos. Les recomiendo la novela corta El contrabajo, de Patrick Suskind, al respecto. Su función es básica en un grupo, es el alma, los cimientos, da gusto sentir la vibración de la madera pegada al cuerpo... Pero es un instrumento tosco, poco ágil y nada reconocido. Lo peor de todo tiene que ver con la logística. Transportar un contrabajo es problemático. Hace falta un coche grande, y entrar en automóvil a ciertos locales del centro de Madrid siempre es un problema. Los taxistas nunca paran cuando ven tamaño instrumento, y alguno se ha negado a cargarlo.  Hace años tuve una seria discusión con un conductor de autobús que no quería dejarme entrar con tan voluminoso acompañante, a pesar de que no se iba a separar de mí en ningún momento (sí permitía el paso, no obstante, a esas madres que se desentienden del carrito del niño, con el consiguiente peligro para el resto de viajeros). El colmo del despropósito ocurrió un día en el metro de Madrid, donde un guardia de seguridad me bloqueó el paso en los tornos de entrada y, pensando que hablaba con un músico callejero, intentó negociar conmigo el montante de su "mordida". No tuvo éxito.

martes, 3 de septiembre de 2013

Jazznécdota #46: Discreción

Siempre se dice que la discreción puede ser una gran virtud a la hora de tocar jazz, especialmente en instrumentos asociados con la rapidez y el volumen como la trompeta o la guitarra. Alguno no estará de acuerdo. Una vez subió a una jam session un saxofonista ciego al que se ubicó en el centro del escenario, de frente al público. Tras tocar un par de temas, sintió un picor en la garganta y, consciente de su situación espacial, tosió vigorosamente hacia su derecha... justo donde, discretamente, se encontraba el guitarrista.

martes, 20 de agosto de 2013

Chistes de músicos (V)

Diferencias entre los conciertos de jazz y los de rock:

  • En un concierto de rock el guitarrista toca tres acordes delante de miles de personas. En un concierto de jazz el guitarrista toca miles de acordes delante de tres personas.

  • En un concierto de rock todo el público conoce los nombres de los músicos. En un concierto de jazz los músicos conocen el nombre de todo el público.

martes, 6 de agosto de 2013

Chistes de músicos (IV)

Agosto es el mes de los chistes de jazz. Vamos a meternos un poco con los mejores amigos de los bajistas:

  • - ¿Cómo se llaman esos tipos que van por ahí con los músicos?
    - Baterías.

  • - ¿En qué se parecen un rayo y un batería?
    - En que nadie sabe dónde va a caer, cuándo va a caer ni qué destrozo va a causar.

  • - ¿Por qué los grupos de jazz tienen un bajista?
    - Para que traduzca al batería.

martes, 23 de julio de 2013

Jazznécdota #45: El piano

La tecnología a veces altera la percepción de la música. Los antiguos piano players, el organillo madrileño o el más moderno disklavier de Yamaha son aparatos que permiten reproducir música previamente registrada  en ellos de forma mecánica o electrónica con una intervención mínima por parte del ser humano. En esa línea de acción se encuentran muchos teclados, pianos eléctricos y sintetizadores capaces de albergar canciones enteras que serán reproducidas en su totalidad con solo pulsar una tecla.

No era ese el caso de un esforzado músico que amenizaba un evento acariciando las teclas de un piano de cola. Sin trampa ni cartón, el instrumento obedecía al intérprete sin rechistar, como si fueran uno. En eso que uno de los invitados se acercó y, sin reparar en el carácter acústico del piano, lo señaló y le dijo al pianista: "No llevarás ahí dentro una de Chenoa, ¿verdad?".

martes, 9 de julio de 2013

Jazznécdota #44: Una cerveza

No se sabe muy bien por qué, pero en ciertas amenizaciones de eventos a los responsables les cuesta horrores ser amables con los músicos. Nadie pretende que le inviten a cenar como a un invitado más, pero algún refrigerio que otro siempre es bienvenido, especialmente en los calurosos meses de verano. A veces los encargados se aferran a excusas absurdas para no ofrecer una simple cerveza a los intérpretes. La palma se la lleva la explicación que dieron a un guitarrista en la provincia de Cuenca: "yo os daría una cerveza, pero imaginad que, al salir de aquí, os para la Guardia Civil y os hace soplar".

martes, 25 de junio de 2013

Reflexión #8: Sueño

Me gustaría que a la gente le gustara el jazz, que lo apreciara, que lo amara como yo lo amo. Me gustaría que los clubes estuvieran llenos de jazz, que las radios estuvieran llenas de jazz, que los iPods estuvieran llenos de jazz. Me gustaría que la gente dejara de charlar en las bodas para escuchar al grupo que ameniza, que el jazz deje de ser una música de fondo (que la música deje de ser de fondo), que hubiera más gente en las salas de música en directo, que la escena no solo fuera de músicos, sino también de público. Me gustaría que conocieran a los monstruos del género y entablasen discusiones sobre su importancia histórica. Me gustaría que cuestionaran el cartel de los grandes festivales con el criterio que a veces le falta a los programadores. 

Muchos creen que los músicos de jazz somos unos freaks y unos snobs. Muchos creen que somos unos vagos sin oficio ni beneficio (si intentasen hacer sonar una sola nota acabarían con ese prejuicio para siempre). Muchos creen que el jazz no es importante. Nosotros no creemos que lo sea: lo sabemos.

Tengo un sueño. Yo también tengo un sueño. Sueño con jazz. Sueño con más jazz. Sueño con jazz por todas partes. Sueño con miles de músicos hablando, expresándose, trabajando. Sueño con millones de oyentes ensimismados. Sueño. Y no porque no se cumpla mi sueño voy a dejar de soñar.

martes, 11 de junio de 2013

Jazznécdota #43: Los cuartos

En muchos temas de jazz, especialmente en los más rápidos y animados, hay un intercambio de pequeñas improvisaciones entre los instrumentos solistas y la batería. Generalmente dichas improvisaciones duran cuatro compases, por lo que este diálogo es conocido como "hacer cuatros" (trading fours). En algunas ocasiones se deja más espacio a los solistas, intercambiando grupos de ocho compases en vez de cuatro ("hacer ochos", trading eights). Es un procedimiento habitual y todo músico de jazz lo conoce e interpreta sin problemas.

Bueno, no todos. Recientemente se pudo escuchar en la barra de un club a una estrafalaria cantante, habitual de la escena madrileña, comentando lo siguiente tras unos ochos: "estos «cuartos» son más largos, ¿no?".

martes, 22 de enero de 2013

Jazznécdota #42: Confirmado

Hace unos años un club de jazz de Madrid cambió de dueño. Ante la posibilidad de apalabrar un concierto en la sala, un guitarrista de jazz fusion entabló conversación con el nuevo propietario quien, sin saber qué estilo tocaba, le dijo: "En este local solo va a sonar swing y be-bop". Y añadió despectivamente: "Quien quiera hacer fusión que se vaya con Pat Metheny". Al rato otro compañero preguntó al guitarrista por las negociaciones, recibiendo la siguiente respuesta:

 Me ha confirmado.
 ¿Te ha confirmado una fecha de concierto?
 No, me ha confirmado que nunca tocaré aquí.

martes, 8 de enero de 2013

Jazznécdota #41: El avión y la guitarra

Los músicos llevamos mucho tiempo quejándonos, y con razón, del maltrato al que somos sometidos cuando intentamos viajar en avión con nuestras herramientas de trabajo. Discusiones, pago de suplementos e instrumentos dañados son moneda de cambio habitual.

La legitimidad de nuestra protesta, no obstante, depende de un comportamiento que siempre debe ser ejemplar. No ocurrió así hace unos días: en pleno vuelo transoceánico, con las ventanillas bajadas y casi todos los pasajeros durmiendo, un guitarrista extrajo su instrumento de la funda y empezó a abordar temas de Paco de Lucía acompañados de una didáctica explicación, a modo de master class improvisada a 10.000 metros de altitud. Por fortuna un miembro de la tripulación le supo callar a tiempo. 

Que no se vuelva a repetir.

martes, 11 de diciembre de 2012

Jazznécdota #40: Lapsus linguae

¡Cuándo aprenderán idiomas los españoles! En inglés fagot se dice "bassoon". Con la palabra "faggot", de escritura y sonoridad cercana, los angloparlantes se refieren despectivamente a los homosexuales. Cierto fagotista, desconocedor de tales connotaciones lingüísticas, se presentó en un ensayo en Holanda diciendo, ante el asombro de sus compañeros: "Hello, I'm the faggot!" ("¡Hola, soy el maricón!").

No menos asombro debieron sentir los familiares de una niña que, dispuesta a ofrecer su concierto de fin de curso a dúo con su profesor, fue presentada del siguiente modo: "En la siguiente actuación la alumna toca el violín y su profesor la viola".

martes, 27 de noviembre de 2012

Jazznécdota #39: Tecnología

La vigente era tecnológica también ha afectado a los músicos. Aparte de secuenciadores, pedales de efectos y dispositivos varios, somos muchos los que utilizamos programas de ordenador para escribir nuestras partituras. Aunque a veces no son sencillos de utilizar, el resultado se entiende mejor que el de una partitura manuscrita y la actualización es más simple.

Un saxofonista con el que toco habitualmente siempre se ha caracterizado por escribir a mano unas partituras muy claras y fáciles de leer. Recientemente me comentó que a partir de ahora iba a hacerlas por ordenador. "¿Te has instalado un programa de edición de partituras?", le pregunté. Su respuesta fue: "No, me he comprado un scanner".

martes, 13 de noviembre de 2012

Reflexión #7: Actuar en condiciones

El colectivo de los músicos de jazz está tan fragmentado como individuos incluye. Siempre se dice que en España hay 46 millones de seleccionadores nacionales de fútbol. En el mundo del jazz cada intérprete es una visión del mundo, con sus motivaciones, sus razones, sus causas y sus consecuencias. Tamaña diversidad es más que bienvenida cuando de improvisar música se trata, pero genera una comunidad desunida donde cada uno toma el camino que considera oportuno.

Uno de los temas de discusión habituales es en qué condiciones tocar en directo. Algunas salas (cada día menos) garantizan un importe fijo por músico o por grupo, con independencia de la cantidad de público que haya. Otras pagan "a comisión" o "a puerta", asignando a los artistas un porcentaje sobre las consumiciones del respetable, o bien el importe del suplemento de concierto. Hace unos años esta última modalidad quedaba relegada a músicos aficionados con pocas actuaciones y, por ende, capacidad de convocatoria popular. 

Como todos sabemos, los tiempos han cambiado, hasta tal punto que incluso grandes festivales como el de Madrid están optando por el pago variable. En algunos casos rechazar una actuación a comisión equivale a no tocar. Por otro lado aceptar siempre estas condiciones degrada la escena. ¿Deben los músicos ofrecer una propuesta atractiva para el público potencial o debe primar la independencia? ¿Es el local el responsable de la promoción o al músico se le mide por la cantidad de gente que puede traer a sus conciertos? En la batalla entre trabajo y dignidad los hay que combinan ambas visiones con mesura, pero esta depende de quién la tome. ¿Puede un jazzman estar meses sin actuar? ¿Es inteligente rechazar un trabajo que otro hará con total seguridad? ¿Implica esta actitud algún cambio de operativa por parte de las salas? Y, por otro lado, ¿es justo enfrentarse a tanta incertidumbre tras años de estudio y práctica? ¿Merece la pena arriesgar instrumentos de coste considerable sin garantías de que el trabajo sea reconocido? ¿No estará el dueño del local haciendo negocio sin tomar riesgos a costa de la ilusión de los músicos?

El debate no es conclusivo, pero cuenta con puntos de inflexión. Uno de ellos lo puso hace unos días Guillermo McGill, excelente batería y percusionista uruguayo-barcelonés. No se lo pierdan: http://www.aireflamenco.com/noticias/1289-guillermo-mcgill-explica-por-que-suspende-su-concierto-en-el-festival-de-jazz-de-madrid.

Por muy objetivo e imparcial que intente ser en esta reflexión, no puedo dejar de dar mi más sincera enhorabuena al maestro McGill y desearle mucha suerte.