martes, 15 de julio de 2014

Jazznécdota #66 - El carrito

Hace poco amenicé una boda en un pueblo de Toledo. La distancia a cubrir entre el aparcamiento y la zona de la actuación era bastante grande y teníamos mucho equipo que cargar, pero los del restaurante nos dijeron que no nos preocupáramos, pues disponían de un carrito. Efectivamente, tenían un carrito... de supermercado. Cumplió su función, pero la imagen de los músicos transportando la mercancía no podía ser más precaria. Menos mal que, para hacerlo funcionar, no tuvimos que introducir una moneda.

martes, 1 de julio de 2014

Jazznécdota #65 - Otra de cantantes

Da gusto tocar con un(a) buen cantante. Todos los músicos nos basamos en las inflexiones de la voz humana para poder "cantar" con nuestros instrumentos, y acompañar bien a un(a) buen(a) vocalista es un placer incomparable. Por fortuna en España contamos con cantantes de jazz excelentes pero, por desgracia, en los márgenes de la escena jazzística acecha un buen número de iletrados musicales cuya ignorancia solo se ve superada, en algunos casos, por su prepotencia. Cierta cantante estrafalaria, ya habitual de estas páginas, suele demostrar una enorme falta de capacidad para el trabajo en equipo, culpando continuamente a su banda de todos los problemas derivados de sus propias carencias. Hasta tal punto llegaba su desprecio por el trabajo de su grupo que uno de sus músicos me comentó que, cuando tocaba con ella, en vez de acompañarla "la perseguía".

martes, 27 de mayo de 2014

Jazznécdota #64 - ¿Oído o teoría?

Uno de los debates habituales entre músicos de jazz es el relativo al conocimiento teórico o el desarrollo auditivo como fuente de saber musical. Todos los jazzmen cuentan con ambas características como base de su ejercicio artístico (salvo contadísimas excepciones, la idea del improvisador iletrado siempre ha sido un falso tópico), pero la mayoría tienen una u otra área más desarrollada. En mi caso concreto el oído tiene un claro margen de mejora, que sustituyo con un disciplinado enfoque de la partitura a abordar. A un amigo saxofonista le ocurre justo lo contrario: rarísima vez lee, y rarísima vez se ajusta al guión establecido. Un día, minutos antes de empezar a tocar como grupo base de una jam session, se le ocurrió una línea de bajo para un standard. Empezó a cantármela para que yo la aprendiera "de oído", pero saqué papel y lápiz y empecé a apuntarla. Para confirmar que la estaba entendiendo bien, le dije: "Entonces esto es en La menor, una negra con puntillo, corchea, negra...", a lo que el saxofonista puso la mano encima del papel y me dijo: "¡Déjate de matemáticas y escucha!".

martes, 13 de mayo de 2014

Jazznécdota #63 - Jazz modal

El "So What" de Miles Davis es uno de los grandes ejemplos históricos de jazz modal. En vez de enfrentarse a decenas de acordes en frenética progresión, como era habitual hasta la fecha, el solista debía ofrecer lo mejor de sí mismo improvisando sobre un par de acordes, con las limitaciones que ello conlleva. Poco después de la aparición de "So What" en el mítico álbum Kind of Blue, John Coltrane escribió su "Impressions", más rápido y con una nueva melodía, pero basado en la misma secuencia armónica. Hoy en día no es difícil escuchar ambos temas interpretados a un tempo similar, por lo que un oyente que empiece a escuchar una interpretación a la mitad del tema no sabría si se trata de uno o del otro.

Hace unos años había un grupo de jazz improvisando sobre la citada armonía en un centro comercial de Las Rozas (Madrid). Un pianista que pasaba por allí lo escuchó y, dispuesto a añadir una dosis de humor a la situación, dio instrucciones a su hijo de cinco años. En pleno solo de piano, el niño se acercó al saxofonista y le dijo: «¿Esto es "So What" o "Impressions"?», a lo que el músico le respondió sobresaltado, para disfrute del padre: «¿Tú cómo sabes eso?».

martes, 29 de abril de 2014

Jazznécdota #62 - La dimensión funcional de la música

A veces la música se percibe desde un punto de vista dicotómico cuyos extremos son el arte y ensayo (en nuestro querido jazz hablaríamos del free jazz y otras corrientes avant-garde) y la música de amenizaciones (la musique d'ameublement o "música de mobiliario", que decía Erik Satie). Como toda polarización, la dimensión funcional de la música cuenta con una gradación paulatina. En ocasiones un grupo destinado a crear un ambiente selecto con su interpretación puede tomarse ciertas licencias; otras veces hay que ceñirse al guión.

Me contaba un bajista que, amenizando el convite de una boda que estaba llegando a su punto álgido, alguien de la organización se acercó a la banda y les dijo: "Tocad música de tarta". Sorprendidos, abordaron "La chica de Ipanema" ante la notable aprobación del personal.

martes, 15 de abril de 2014

Jazznécdota #61 - Los que tenemos que tocar

Cómo está el mercado. Antes la responsabilidad de llevar público a los conciertos la compartían los músicos y las salas. En estos tiempos de crisis algunos locales han decidido hacer un sobreesfuerzo, pero otros tan solo tiran balones fuera. Me comentaba un músico que, recientemente, el responsable de comunicación de un local de música en directo había dado un toque de atención al líder del grupo porque "el pianista no está promocionando el concierto en su cuenta de Facebook".

Es en este instante cuando imagino a Gracita Morales ataviada con su cofia, sosteniendo un saxofón y diciendo con su voz peculiar: "¡los que tenemos que tocar!".

martes, 1 de abril de 2014

Jazznécdota #60 - Chavales

Ya se ha comentado en estas mismas páginas (virtuales pero páginas al fin y al cabo): hay amenizaciones en las que un músico se siente tratado como basura. Ciertos dueños de chalets, responsables de comunicación de compañías, maîtres y otros individuos se creen superiores y lo demuestran en cuanto pueden. No sólo es tarea del músico tocar bien, sino también saber estar en todos los sentidos. Hace unos meses un saxofonista pidió al responsable de una finca que hubiera unas sillas sobre el escenario. Aquél gritó a uno de los camareros: "¡Trae unas sillas para estos chavales!". El artista le agarró del hombro, le miró fijamente a los ojos y le dijo con seriedad: "Chavales no. Señores".

Trajeron las sillas, trajeron bebida, les dieron de cenar. Y, lo más importante, les trataron con respeto.

martes, 18 de marzo de 2014

Jazznécdota #59 - Morriña

Estar de gira implica una constante lucha interna entre sentimientos encontrados. Por un lado tocar en directo por el mundo es lo que todo músico ansía. Por otro los viajes continuos y la adaptación a los cambios de climas y culturas pasa factura. A medida avanza el tour se echa cada vez más de menos a las personas, los lugares y las costumbres del país de origen, a veces de forma enfermiza. Me contaba un percusionista que, estando en Japón con un cuadro flamenco, varias veces al día un gitano de la compañía sacaba del bolsillo de su camisa un trozo de jamón plastificado, lo acercaba a su nariz, inspiraba... y suspiraba. 

martes, 4 de marzo de 2014

Jazznécdota #58 - Implicación

Muchas veces los grupos de música no son tales. Especialmente en estilos más comerciales (pop, rock) hay veces en que se contrata a músicos para grabaciones concretas sin que se integren en la dinámica de la banda. Es habitual, incluso, ver discos de cantantes donde el nombre del resto de los intérpretes no aparece en los créditos. Actitud puramente profesional: el músico llega, graba, cobra y se va. 

Es fácil suponer que tal modus operandi puede disminuir el nivel de implicación, pero en ciertas ocasiones la falta de compromiso viene del otro lado. Hace unos cuantos años un bajista grabó unos temas para el disco de un conocido cantante español de pop. Cuando el CD salió al mercado la compañía no tuvo a bien enviarle una copia, a pesar de que el músico les llamó en repetidas ocasiones. Desesperado, acabó comprando el disco en el que él mismo había grabado, pero se aseguró de que la compañía no se lucrara a su costa: lo adquirió en el "top manta".

martes, 18 de febrero de 2014

Jazznécdota #57 - La vecina

Se encontraba un saxofonista amenizando la velada en un bar cuando, de repente, entró por la puerta una señora con dos perros diciendo: "Soy la vecina del primero". Sobresaltado, el músico dejó de tocar y se preparó para, presumiblemente, escuchar una queja por el ruido. Pero la intervención de la vecina fue, cuando menos, sorprendente: "Me gusta mucho lo que está tocando. ¿Podría dejar la puerta del bar abierta para que le escuche desde mi casa?".

martes, 4 de febrero de 2014

Jazznécdota #56: ¿Estáis sordos?

Contaba un batería que, tocando en un local por Extremadura, tuvo que aguantar durante todo el concierto a un ruidoso grupo de "espectadores" que no paraban de charlar en voz alta, ignorando por completo las evoluciones de la música. Avanzada la actuación, en un descanso entre temas golpeó su pedal de bombo de forma estruendosa, sobresaltando al "respetable", que se volvió a mirarle entre la sorpresa y la indignación. El batería les devolvió la mirada, a la que añadió el siguiente comentario: "Pensaba que estábais sordos, pero ya veo que no".

martes, 21 de enero de 2014

Jazznécdota #55: La importancia de las presentaciones

Se dice que los músicos de jazz estamos tan centrados en la música que nos olvidamos de todo lo demás. Además de criticar nuestro atuendo, a veces también recibimos comentarios sobre las presentaciones que hacemos entre tema y tema. El verano pasado, al acercarse el descanso de un concierto en un club madrileño, el pianista quiso sugerir a los asistentes que disfrutaran de una copa hasta el comienzo del segundo pase. Lo hizo con el siguiente lapsus linguae: "Vamos a tocar un tema más y nos vamos a ir al descanso para que podáis consumar tranquilamente".

Por fortuna nadie le hizo caso, al menos en público.

martes, 7 de enero de 2014

Jazznécdota #54: La crisis

Las consecuencias de la crisis económica han sido devastadoras para los músicos, y a todos los niveles. Hace pocos años actuó en Madrid un grupo inglés tangencialmente asociado con el jazz que cuenta con bastantes seguidores. El concierto, en una sala de tamaño considerable, fue un éxito de música y público, y la banda se vio obligada a tocar un tema extra como bis para gozo del respetable. Ya acabada la actuación, con las luces del local encendidas y la gente saliendo de la sala, se organizó un pequeño revuelo: los músicos habían vuelto al escenario. ¿Iban a interpretar un segundo bis? No, por falta de presupuesto ellos mismos estaban recogiendo sus instrumentos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Jazznécdota #53: El micrófono

A veces los técnicos de sonido tienen ocurrencias, cuando menos, curiosas. En otras ocasiones uno duda de si se trata de un auténtico técnico de sonido. En un concierto sobre la terraza de un conocido hotel madrileño, el supuesto técnico vio entre sus enseres un micrófono para bombo de batería y, juzgando por su forma, lo situó sobre un pie para que lo usara la cantante.

martes, 10 de diciembre de 2013

Jazznécdota #52: Cuidado con los móviles

Dicen que el batería Vinnie Colaiuta es capaz de comer sushi con las baquetas mientras toca. Yo toco con uno que puede enviar mensajes SMS desde su móvil en mitad del concierto sin que se note. Peor fue lo que le ocurrió a otro baterista: en el concierto inaugural de una nueva jam session, hace ya unos cuantos años, recibió en su móvil la llamada de un saxofonista que estaba intentando localizar el local. Creyendo que no se iba a notar mucho, siguió marcando el swing en el platillo ride con su mano derecha mientras sostenía el móvil con la izquierda y dialogaba con su compañero. Pasados unos segundos su cerebro no pudo con tanta disociación de tareas: sin darse cuenta dejó de tocar y salió del club, siempre pegado a su móvil, para dar indicaciones al saxo.

martes, 26 de noviembre de 2013

Reflexión #9: La preservación del jazz

Todas las artes cuentan con su debate particular entre clasicistas y modernistas, entre conservadores y progresistas. En lo relativo al jazz el tema viene de lejos. El be-bop recibió fortísimas críticas de público y músicos (recordemos al guitarrista Eddie Condon exclamando "¡nada de jazz progresivo!" cuando a una camarera se le cayó la bandeja causando un fuerte estrépito), muchos consideraron a Ornette Coleman, padre del free jazz, como un auténtico proscrito, y los seguidores de Miles Davis en los años cincuenta se rasgaron las vestiduras al escuchar su giro eléctrico de finales de los sesenta. Fue en esa década cuando se acusó a los Beatles de encabezar la "invasión británica" que favorecía el coqueteo de muchos jazzmen con las músicas comerciales, algo más que habitual en los años setenta tras la aparición de Jimi Hendrix y los primeros grupos de jazz-rock y jazz fusion. En los ochenta emergió la figura de Wynton Marsalis y su fundamentalista vuelta a los origenes. Demasiado tarde: el jazz ya era una música universal y los nuevos mestizajes no solo eran estilísticos, sino folclóricos (véase la escena europea de los últimos quince años).

Voy a abandonar, por una vez, mi neutralidad habitual, tomando una posición clara en lo relativo al jazz: la tradición es la base, hay que conocerla, respetarla, admirarla y construir a partir de ella; pero (y se trata de un gran pero) el jazz ha sido un arte de fusiones y evoluciones desde sus comienzos, y solo a través de la curiosidad y la sinceridad de los intérpretes podremos hacer que esta nuestra música perviva con buena salud. Los orígenes aunaron influencias de África y Europa, Jelly Roll Morton sustentaba la idea del "toque español" en su música y el be-bop demostró que los músicos de jazz eran más que simples "entretenedores" (permítaseme la traducción forzada del inglés entertainer). La bossa nova aportó nuevos colores pero, curiosamente, recibió menos críticas. ¿Por qué el jazz podía abrazar a Brasil y no, pongamos por caso, a Suecia? Sea como fuere, los pasos que han llevado al jazz a ser lo que es hoy en día son innegables, y las posturas más cerradas no van a conseguir que esta forma artística deje de evolucionar.


Recalco, no obstante, mi devoción hacia la tradición jazzística. Por ese motivo hace casi dos años viajé a Nueva Orleáns, la cuna de Louis Armstrong, la de nuestra música, deseoso de encontrar momentos que me iluminaran y me hicieran crecer como músico. La verdad es que los encontré, disfrutando de lo lindo con varias bandas locales, escuchando el lenguaje del jazz tradicional como nunca antes lo había hecho, y tomando muchas notas mentales para aplicar en el futuro. Decidí culminar la experiencia acercándome a uno de los templos jazzísticos por excelencia: el Preservation Hall. Fundado en 1961, su intención es la de proteger y honrar el jazz de Nueva Orleáns (la redacción no es capciosa, está traducido de su página web). La Preservation Hall Jazz Band lleva décadas interpretando esa música tradicional por todo el mundo, y su carácter de institución convertía su cuartel de operaciones en una visita obligada.


Tras esperar hora y media de cola conseguí entrar al tercer pase, cerca de las once de la noche. El lugar es oscuro y claustrofóbico, y la mayor parte del público debe presenciar la actuación de pie, pero había que hacer el esfuerzo. Tamaña fue mi sorpresa cuando me encontré ante un sexteto de músicos cansados, desganados, apareciendo sobre las tablas cinco minutos después de que les presentaran y con una actitud totalmente apática. El tubista apenas daba tres de cada cuatro notas, el saxo emitía constantes chillidos, y se pudieron escuchar fraseos de la época del be-bop, copiados directamente de Charlie Parker, en un contexto anterior, de jazz de Nueva Orleáns que supuestamente se iba a "proteger y honrar". Por supuesto el gran público, turistas en su inmensa mayoría, no acertó a identificar estos elementos, aplaudiendo animadamente cada una de las canciones de la banda. O, al menos, de las tres primeras, que fueron las que aguanté en el sitio. Estafado, me encaminé hacia otro local de la cercana Bourbon Street, hacia otro local cualquiera, ya que en cualquiera de ellos se estaba haciendo un jazz más sincero.


Y es que esto es lo que ocurre cuando se quiere proteger y preservar un ente vivo: que se acaba convirtiendo en una pieza de museo, la gente paga por verlo e intenta admirarlo, pero nadie lo entiende.

martes, 12 de noviembre de 2013

Jazznécdota #51: Que sean monos

Hace unos meses la organizadora de un evento se acercó por la jam session en busca de músicos de jazz aptos para amenizar su celebración, la presentación de una campaña en una boutique de la exclusiva calle de Serrano, en Madrid. Como muchas de las personas que ostentan esos cargos, sabía poco de música y nada de jazz. Además sus criterios de selección eran bastante desconcertantes, de acuerdo a las características estilísticas de los intérpretes. Sagaz como pocos, el batería se dio cuenta de lo que ocurría, obteniendo respuesta afirmativa a la siguiente pregunta: "Te da igual cómo toquen, tú lo que quieres es que los músicos sean monos, ¿verdad?".

He de confesar que mi indignación se acabó convirtiendo en vanidad: fui seleccionado.

martes, 29 de octubre de 2013

Jazznécdota #50: Religión

La reapertura de un club de jazz siempre es motivo de alegría y de agradecimiento a las personas que lo hacen posible. En cierta ocasión, la nueva administradora de un local que acababa de volver a abrir sus puertas fue más allá, ofreciendo una charla al público en medio del concierto inaugural donde, cual dramaturga griega, dirigía sus agradecimientos a la divinidad. Después de un buen rato dando gracias a Dios, el Señor, el Padre Celestial y otro tipo de epítetos de similar calaña, el pianista se levantó y gritó (ocasionando una sonora carcajada por parte del público): "¡Aleluya!".

martes, 15 de octubre de 2013

Jazznécdota #49: Poca asistencia

Hace poco me hablaron de un par de conciertos de club suspendidos por falta de público. Mi récord personal fue tan triste como surrealista. Ocurrió el sábado 3 de julio de 2010, actuando a dúo en un pequeño café madrileño cercano a la Plaza Mayor. Fue la noche en que España venció a Paraguay en los cuartos de final del mundial de Sudáfrica, que acabó ganando nuestra selección nacional; y coincidió con la celebración del Día del Orgullo Gay. Madrid tenía cosas más importantes que hacer que verme tocar.

Incluso en esas condiciones conseguimos contar con la nada desdeñable cifra de dos espectadores, que por momentos fueron tres: en mitad del concierto (un íntimo recital de boleros y canciones latinas) una señora entró al local atendiendo una llamada telefónica a voces. Ni corta ni perezosa se sentó en una de las banquetas y continuó hablando hasta el final de la conversación, tras la que abandonó el local.

martes, 1 de octubre de 2013

Jazznécdota #48: Montar la batería

El año pasado actué en un local del centro de Madrid que cuenta con batería propia. Al llegar vi al baterista del grupo intentando acoplar las distintas partes del kit percusivo sin éxito. El bombo (ese tambor grande que se activa con un pedal) contaba con dos incisiones superiores donde acoplar más tambores y, se hiciera como se hiciera, el resultado no era satisfactorio, ya que la disposición de los tambores impedía colocar los platillos en el espacio adecuado. Estuvimos un buen rato analizando el problema como si de un reto matemático se tratara. Se unieron a la comisión un amigo guitarrista y, posteriormente, el dueño del local, con visible enfado. Nos parecía increíble que fuera tan complicado montar una batería que se había usado durante años.

El misterio se resolvió en unos minutos: los tambores no cuadraban y las distancias no eran las correctas porque el bombo estaba al revés.

martes, 17 de septiembre de 2013

Jazznécdota #47: Transportar un contrabajo

El contrabajo es un instrumento que levanta pasiones y odios a partes iguales entre quienes lo tocamos. Les recomiendo la novela corta El contrabajo, de Patrick Suskind, al respecto. Su función es básica en un grupo, es el alma, los cimientos, da gusto sentir la vibración de la madera pegada al cuerpo... Pero es un instrumento tosco, poco ágil y nada reconocido. Lo peor de todo tiene que ver con la logística. Transportar un contrabajo es problemático. Hace falta un coche grande, y entrar en automóvil a ciertos locales del centro de Madrid siempre es un problema. Los taxistas nunca paran cuando ven tamaño instrumento, y alguno se ha negado a cargarlo.  Hace años tuve una seria discusión con un conductor de autobús que no quería dejarme entrar con tan voluminoso acompañante, a pesar de que no se iba a separar de mí en ningún momento (sí permitía el paso, no obstante, a esas madres que se desentienden del carrito del niño, con el consiguiente peligro para el resto de viajeros). El colmo del despropósito ocurrió un día en el metro de Madrid, donde un guardia de seguridad me bloqueó el paso en los tornos de entrada y, pensando que hablaba con un músico callejero, intentó negociar conmigo el montante de su "mordida". No tuvo éxito.

martes, 3 de septiembre de 2013

Jazznécdota #46: Discreción

Siempre se dice que la discreción puede ser una gran virtud a la hora de tocar jazz, especialmente en instrumentos asociados con la rapidez y el volumen como la trompeta o la guitarra. Alguno no estará de acuerdo. Una vez subió a una jam session un saxofonista ciego al que se ubicó en el centro del escenario, de frente al público. Tras tocar un par de temas, sintió un picor en la garganta y, consciente de su situación espacial, tosió vigorosamente hacia su derecha... justo donde, discretamente, se encontraba el guitarrista.

martes, 20 de agosto de 2013

Chistes de músicos (V)

Diferencias entre los conciertos de jazz y los de rock:

  • En un concierto de rock el guitarrista toca tres acordes delante de miles de personas. En un concierto de jazz el guitarrista toca miles de acordes delante de tres personas.

  • En un concierto de rock todo el público conoce los nombres de los músicos. En un concierto de jazz los músicos conocen el nombre de todo el público.

martes, 6 de agosto de 2013

Chistes de músicos (IV)

Agosto es el mes de los chistes de jazz. Vamos a meternos un poco con los mejores amigos de los bajistas:

  • - ¿Cómo se llaman esos tipos que van por ahí con los músicos?
    - Baterías.

  • - ¿En qué se parecen un rayo y un batería?
    - En que nadie sabe dónde va a caer, cuándo va a caer ni qué destrozo va a causar.

  • - ¿Por qué los grupos de jazz tienen un bajista?
    - Para que traduzca al batería.

martes, 23 de julio de 2013

Jazznécdota #45: El piano

La tecnología a veces altera la percepción de la música. Los antiguos piano players, el organillo madrileño o el más moderno disklavier de Yamaha son aparatos que permiten reproducir música previamente registrada  en ellos de forma mecánica o electrónica con una intervención mínima por parte del ser humano. En esa línea de acción se encuentran muchos teclados, pianos eléctricos y sintetizadores capaces de albergar canciones enteras que serán reproducidas en su totalidad con solo pulsar una tecla.

No era ese el caso de un esforzado músico que amenizaba un evento acariciando las teclas de un piano de cola. Sin trampa ni cartón, el instrumento obedecía al intérprete sin rechistar, como si fueran uno. En eso que uno de los invitados se acercó y, sin reparar en el carácter acústico del piano, lo señaló y le dijo al pianista: "No llevarás ahí dentro una de Chenoa, ¿verdad?".

martes, 9 de julio de 2013

Jazznécdota #44: Una cerveza

No se sabe muy bien por qué, pero en ciertas amenizaciones de eventos a los responsables les cuesta horrores ser amables con los músicos. Nadie pretende que le inviten a cenar como a un invitado más, pero algún refrigerio que otro siempre es bienvenido, especialmente en los calurosos meses de verano. A veces los encargados se aferran a excusas absurdas para no ofrecer una simple cerveza a los intérpretes. La palma se la lleva la explicación que dieron a un guitarrista en la provincia de Cuenca: "yo os daría una cerveza, pero imaginad que, al salir de aquí, os para la Guardia Civil y os hace soplar".

martes, 25 de junio de 2013

Reflexión #8: Sueño

Me gustaría que a la gente le gustara el jazz, que lo apreciara, que lo amara como yo lo amo. Me gustaría que los clubes estuvieran llenos de jazz, que las radios estuvieran llenas de jazz, que los iPods estuvieran llenos de jazz. Me gustaría que la gente dejara de charlar en las bodas para escuchar al grupo que ameniza, que el jazz deje de ser una música de fondo (que la música deje de ser de fondo), que hubiera más gente en las salas de música en directo, que la escena no solo fuera de músicos, sino también de público. Me gustaría que conocieran a los monstruos del género y entablasen discusiones sobre su importancia histórica. Me gustaría que cuestionaran el cartel de los grandes festivales con el criterio que a veces le falta a los programadores. 

Muchos creen que los músicos de jazz somos unos freaks y unos snobs. Muchos creen que somos unos vagos sin oficio ni beneficio (si intentasen hacer sonar una sola nota acabarían con ese prejuicio para siempre). Muchos creen que el jazz no es importante. Nosotros no creemos que lo sea: lo sabemos.

Tengo un sueño. Yo también tengo un sueño. Sueño con jazz. Sueño con más jazz. Sueño con jazz por todas partes. Sueño con miles de músicos hablando, expresándose, trabajando. Sueño con millones de oyentes ensimismados. Sueño. Y no porque no se cumpla mi sueño voy a dejar de soñar.

martes, 11 de junio de 2013

Jazznécdota #43: Los cuartos

En muchos temas de jazz, especialmente en los más rápidos y animados, hay un intercambio de pequeñas improvisaciones entre los instrumentos solistas y la batería. Generalmente dichas improvisaciones duran cuatro compases, por lo que este diálogo es conocido como "hacer cuatros" (trading fours). En algunas ocasiones se deja más espacio a los solistas, intercambiando grupos de ocho compases en vez de cuatro ("hacer ochos", trading eights). Es un procedimiento habitual y todo músico de jazz lo conoce e interpreta sin problemas.

Bueno, no todos. Recientemente se pudo escuchar en la barra de un club a una estrafalaria cantante, habitual de la escena madrileña, comentando lo siguiente tras unos ochos: "estos «cuartos» son más largos, ¿no?".

martes, 22 de enero de 2013

Jazznécdota #42: Confirmado

Hace unos años un club de jazz de Madrid cambió de dueño. Ante la posibilidad de apalabrar un concierto en la sala, un guitarrista de jazz fusion entabló conversación con el nuevo propietario quien, sin saber qué estilo tocaba, le dijo: "En este local solo va a sonar swing y be-bop". Y añadió despectivamente: "Quien quiera hacer fusión que se vaya con Pat Metheny". Al rato otro compañero preguntó al guitarrista por las negociaciones, recibiendo la siguiente respuesta:

 Me ha confirmado.
 ¿Te ha confirmado una fecha de concierto?
 No, me ha confirmado que nunca tocaré aquí.

martes, 8 de enero de 2013

Jazznécdota #41: El avión y la guitarra

Los músicos llevamos mucho tiempo quejándonos, y con razón, del maltrato al que somos sometidos cuando intentamos viajar en avión con nuestras herramientas de trabajo. Discusiones, pago de suplementos e instrumentos dañados son moneda de cambio habitual.

La legitimidad de nuestra protesta, no obstante, depende de un comportamiento que siempre debe ser ejemplar. No ocurrió así hace unos días: en pleno vuelo transoceánico, con las ventanillas bajadas y casi todos los pasajeros durmiendo, un guitarrista extrajo su instrumento de la funda y empezó a abordar temas de Paco de Lucía acompañados de una didáctica explicación, a modo de master class improvisada a 10.000 metros de altitud. Por fortuna un miembro de la tripulación le supo callar a tiempo. 

Que no se vuelva a repetir.

martes, 11 de diciembre de 2012

Jazznécdota #40: Lapsus linguae

¡Cuándo aprenderán idiomas los españoles! En inglés fagot se dice "bassoon". Con la palabra "faggot", de escritura y sonoridad cercana, los angloparlantes se refieren despectivamente a los homosexuales. Cierto fagotista, desconocedor de tales connotaciones lingüísticas, se presentó en un ensayo en Holanda diciendo, ante el asombro de sus compañeros: "Hello, I'm the faggot!" ("¡Hola, soy el maricón!").

No menos asombro debieron sentir los familiares de una niña que, dispuesta a ofrecer su concierto de fin de curso a dúo con su profesor, fue presentada del siguiente modo: "En la siguiente actuación la alumna toca el violín y su profesor la viola".

martes, 27 de noviembre de 2012

Jazznécdota #39: Tecnología

La vigente era tecnológica también ha afectado a los músicos. Aparte de secuenciadores, pedales de efectos y dispositivos varios, somos muchos los que utilizamos programas de ordenador para escribir nuestras partituras. Aunque a veces no son sencillos de utilizar, el resultado se entiende mejor que el de una partitura manuscrita y la actualización es más simple.

Un saxofonista con el que toco habitualmente siempre se ha caracterizado por escribir a mano unas partituras muy claras y fáciles de leer. Recientemente me comentó que a partir de ahora iba a hacerlas por ordenador. "¿Te has instalado un programa de edición de partituras?", le pregunté. Su respuesta fue: "No, me he comprado un scanner".

martes, 13 de noviembre de 2012

Reflexión #7: Actuar en condiciones

El colectivo de los músicos de jazz está tan fragmentado como individuos incluye. Siempre se dice que en España hay 46 millones de seleccionadores nacionales de fútbol. En el mundo del jazz cada intérprete es una visión del mundo, con sus motivaciones, sus razones, sus causas y sus consecuencias. Tamaña diversidad es más que bienvenida cuando de improvisar música se trata, pero genera una comunidad desunida donde cada uno toma el camino que considera oportuno.

Uno de los temas de discusión habituales es en qué condiciones tocar en directo. Algunas salas (cada día menos) garantizan un importe fijo por músico o por grupo, con independencia de la cantidad de público que haya. Otras pagan "a comisión" o "a puerta", asignando a los artistas un porcentaje sobre las consumiciones del respetable, o bien el importe del suplemento de concierto. Hace unos años esta última modalidad quedaba relegada a músicos aficionados con pocas actuaciones y, por ende, capacidad de convocatoria popular. 

Como todos sabemos, los tiempos han cambiado, hasta tal punto que incluso grandes festivales como el de Madrid están optando por el pago variable. En algunos casos rechazar una actuación a comisión equivale a no tocar. Por otro lado aceptar siempre estas condiciones degrada la escena. ¿Deben los músicos ofrecer una propuesta atractiva para el público potencial o debe primar la independencia? ¿Es el local el responsable de la promoción o al músico se le mide por la cantidad de gente que puede traer a sus conciertos? En la batalla entre trabajo y dignidad los hay que combinan ambas visiones con mesura, pero esta depende de quién la tome. ¿Puede un jazzman estar meses sin actuar? ¿Es inteligente rechazar un trabajo que otro hará con total seguridad? ¿Implica esta actitud algún cambio de operativa por parte de las salas? Y, por otro lado, ¿es justo enfrentarse a tanta incertidumbre tras años de estudio y práctica? ¿Merece la pena arriesgar instrumentos de coste considerable sin garantías de que el trabajo sea reconocido? ¿No estará el dueño del local haciendo negocio sin tomar riesgos a costa de la ilusión de los músicos?

El debate no es conclusivo, pero cuenta con puntos de inflexión. Uno de ellos lo puso hace unos días Guillermo McGill, excelente batería y percusionista uruguayo-barcelonés. No se lo pierdan: http://www.aireflamenco.com/noticias/1289-guillermo-mcgill-explica-por-que-suspende-su-concierto-en-el-festival-de-jazz-de-madrid.

Por muy objetivo e imparcial que intente ser en esta reflexión, no puedo dejar de dar mi más sincera enhorabuena al maestro McGill y desearle mucha suerte.

martes, 30 de octubre de 2012

Jazznécdota #38: Antes muerta que sencilla

Impartir clases suele ser una fórmula de ingresos habitual para la mayoría de los músicos de jazz. Aparte de conocimientos de teoría, a veces (solo a veces, por suerte) se requieren capacidades sociales para lidiar con alumnos díscolos. Los hay que no estudian, los hay que no estudian correctamente, algunos ponen excusas de lo más variopinto y otros son simplemente intransigentes.

Contaba un saxofonista que un día se presentó en su casa una nueva alumna con un piercing en el labio inferior, un aro que lo rodeaba por su parte central. Instada por el profesor a despojarse del metálico complemento para poder comenzar la clase, la alumna se negó. El saxofonista le explicó, pacientemente, que ambos labios deben apretar la embocadura del saxofón, que la caña que se introduce en la boquilla es una pieza de madera y que la presencia del aro la deformaría y dificultaría la emisión de sonido. La muchacha preguntó si no podría tocar el instrumento de lado, embocándolo por la comisura de los labios.

Fue su primera y última clase.

martes, 16 de octubre de 2012

Jazznécdota #37: Eu ía ben

La música es comunicación. Algunos no lo entienden y se esfuerzan en imponer su criterio contra viento y marea, en llevar la razón aunque ello implique daños irreparables para la producción artística.

Contaba un pianista gallego que, hace años, una orquesta de temas populares (despectivamente llamadas "de pachanga") daba un concierto en su tierra y, en uno de los temas, el cantante entró a la melodía final antes de tiempo, concretamente un compás antes. La mayoría de los instrumentistas se dieron cuenta del problema y también se adelantaron un compás para acoplarse a la interpretación del vocalista, pero el batería siguió tocando como si nada hubiera pasado. Al final del tema todos los músicos acabaron a la vez excepto el batería que, como era de esperar, finalizó un compás tarde. Ni corto ni perezoso, se levantó de su banqueta y exclamó: "¡eu ía ben!" (en gallego, "yo iba bien").

martes, 2 de octubre de 2012

Jazznécdota #36: Dos huevos

Disculpen lo infantil de esta jazznécdota, pero así sucedió y créanme que pocas veces me he reído tanto. El sábado pasado amenicé una boda con un cuarteto de jazz sin batería (voz, saxo, piano y contrabajo). Al interpretar "Bésame mucho" convertimos su ritmo original de bolero en un cha cha cha y, ante la ausencia de instrumento percusivo alguno, el saxofonista me comentó: "se echan de menos unas maracas o algo así". La cantante disponía de unos egg shakers, instrumento de percusión cuyo efecto es similar al de una maraca, pero con forma de huevo. Al escuchar el comentario del compañero, dijo en voz alta: "¡Tengo huevos!", a lo que el saxofonista replicó: "¡Qué desilusión!". Sin inmutarse, como queriendo no darse por enterada de tan obvio comentario y centrada en resolver con seriedad el problema musical que se nos planteaba, le respondió: "¡Tengo dos!". Las carcajadas fueron tan estruendosas que por poco tuvimos que dejar de tocar.

martes, 18 de septiembre de 2012

Jazznécdota #35: La hamburguesa

Hace unos días amenicé un cumpleaños en un chalet con un cuarteto de jazz. Antes de empezar a tocar, el batería abrió parte de la cremallera de su mochila para tomar de ella algún enser, dejándola entreabierta. En el descanso de la actuación fuimos a la parte trasera de la casa para disfrutar del catering. A la vuelta encontramos la mochila tumbada en el suelo con su cremallera aún entreabierta. El contenido estaba intacto a excepción de una hamburguesa que el batería pensaba cenar una vez acabado nuestro trabajo. La mascota de la casa, un afable perro salchicha, la había extraído de la mochila con sumo cuidado, había retirado el papel que la cubría y la estaba degustando cual gourmet

martes, 4 de septiembre de 2012

Jazznécdota #34: Lágrimas negras

El gimnasio de los músicos de jazz es la jam session. En ella se practica, se arriesga, se establecen contactos profesionales y se afianzan relaciones artísticas. La jam session también nos ha servido a todos para dar nuestros primeros pasos, para balbucear nuestros primeros standards e ir perdiendo el miedo al formato de la improvisación.

La primera vez que subí a una jam se interpretó "Lágrimas negras", composición de Miguel Matamoros que estaba por entonces de moda gracias a su soberbia interpretación por parte de Bebo Valdés y Cachao en la película Calle 54 (de Fernando Trueba) y, posteriormente, a cargo del primero junto al cantaor flamenco Diego El Cigala. El tema está escrito en cuatro por cuatro, es decir, cuatro tiempos por compás. Imaginen si estaría nervioso que empecé a tocarlo en tres por cuatro, como si fuera un vals. Mis compases avanzaban más rápidamente que los del resto del grupo, mis acordes adelantaban a los del guitarrista. Los compañeros me hacían ostensibles señas para marcarme el tiempo, pero yo era incapaz de acoplarme a su pulso.

Tras más de seis minutos de sufrimiento lo último que me apetecía era volver a una jam session. El destino quiso que acabara tocando todos los martes en una, la de Segundo Jazz, y precisamente hoy cumplimos seis años. Se acabaron las lágrimas negras.

martes, 21 de agosto de 2012

Chistes de músicos (III)

Vuelve el verano y vuelven los chistes. Dicen que los músicos de jazz somos cotillas y siempre estamos criticándonos entre nosotros. ¿Será cierto?:
  • Se encuentran dos músicos de jazz:
    - Hombre, Pepe, cuánto tiempo sin verte. ¿Cómo te va?
    - Fatal, acabo de divorciarme y estoy arruinado.
    - Vaya, no lo sabía. Lo siento.
    - Además el médico me ha detectado un problema muscular que no me permite tocar bien.
    - Qué mala suerte, no tenía ni idea.
    - El disco que iba a grabar con la big band se ha cancelado.
    - Qué desastre, la verdad es que no sabía nada.
    - Y anoche me subí a una jam session y toqué fatal.
    - Pues mira, eso sí, eso sí me lo habían contado.

martes, 3 de julio de 2012

Jazznécdota #33: Saberse el arreglo

Hace ya bastantes años, un amigo guitarrista se encontraba inmerso en una jam session en la que estaban intentando tocar unos temas con arreglos (no como todo el mundo sabe tocar los standards de jazz, sino siguiendo al pie de la letra una serie de variaciones incluídas en la partitura). Dos jóvenes negros, saxo alto y trompeta, se acercaron al escenario con intención de incorporarse a la jam, pero los músicos nacionales se lo impidieron, ya que "no se sabían el arreglo".

Acababan de echar a Roy Hargrove y Antonio Hart.

martes, 17 de abril de 2012

Jazznécdota #32: Sin papeles

¿Para qué cargar con papeles? Cada vez es más habitual que los músicos lleven a sus conciertos lectores de libros electrónicos, tipo iPad o Kindle, cargados de ficheros repletos de partituras. Algunos, de momento, utilizamos nuestros teléfonos móviles inteligentes –smartphones los llaman– a tal fin. La pantalla no es muy grande, pero sirve para un apuro.

Hace unas semanas me encontraba en plena jam session, leyendo en mi móvil los acordes de un standard, cuando, a pesar de lo tarde que era, ocurrió lo inevitable: recibí una llamada. El volumen del móvil estaba silenciado, pero la partitura desapareció de la pantalla y tuve que dejar de tocar durante unos segundos, para desesperación del saxofonista.

martes, 3 de abril de 2012

Jazznécdota #31: El cliente siempre tiene la razón

La jazznécdota #29 me hizo recordar innumerables ocasiones en las que, dueños de locales aparte, el público nos ha arrancado una cara de sorpresa, a veces por ignorancia, a veces con malas maneras, a veces con candor y buen propósito. En un club de jazz madrileño bastante grande, y a pesar de la escasa entrada que presentaba, un día se sentó un grupo de gente en la mesa más cercana al escenario y, al cabo de un rato, preguntó al camarero si el grupo podía tocar más bajo, ya que no escuchaban su conversación. Por supuesto fueron instados a sentarse en otra parte del local. Bastante más expeditivo es el dueño de otro club del centro, que no duda en llamar al orden a la clientela cuando el volumen de su charla es irrespetuosa para con el trabajo de los músicos. Recientemente le vi expulsar a un espectador díscolo.

A un amigo pianista que amenizaba un evento de empresa se le acercó un comensal espetándole que si "podía poner otra música". Mejores intenciones tenía una anciana que, en plena cena arrullada a ritmo de jazz, se nos acercó con la siguiente petición: "¿Podéis tocar «Granada»?". El trombonista salió del aprieto con elegancia: "Por supuesto. Si nos trae usted la partitura, estaremos encantados de interpretarla".

martes, 20 de marzo de 2012

Jazznécdota #30: La cena

Hace años, tocando en un pueblo de Ávila, tras la prueba de sonido un hombre se acercó y nos dijo: "Sois los músicos, ¿no? Venid conmigo, que la cena es aquí". Nos llevó a un restaurante en la misma plaza del pueblo, a escasos metros del escenario, y empezó a sacar raciones de lomo, chorizo, morcilla... sin mediar palabra. Convencidos de que formaba parte de la organización, disfrutamos de tan calórica cena. La hora de comienzo del concierto se acercaba, y el hostelero seguía trayendo comida a nuestra mesa mientras decía: "No os preocupéis, que aquí todo empieza tarde. Seguro que todavía no hay público".

Tamaña fue nuestra sorpresa cuando:
  1. Nos cobró la cena, y nada barata.
  2. Al salir del sitio encontramos la plaza llena de gente impaciente y visiblemente enfadada por el retraso en el comienzo del espectáculo.
Entre insultos, miedo e indignación empezamos a tocar.

martes, 21 de febrero de 2012

Jazznécdota #29: Tocas demasiado bien

Hace poco contaba en Facebook un saxofonista que, contratado para amenizar cenas a saxo solo en un restaurante malagueño ("miércoles de jazz"), tras una hora de trabajo la dueña le dijo: "Tocas demasiado bien para este sitio, estás captando la atención de los clientes y esto no nos interesa, además dos de ellos se han quejado de que suene el saxo-jazz, prefieren una música más chill-out de fondo que les permita conversar sin que les moleste".

¿Elogio, reproche, ignorancia o simple falta de vergüenza? Con este tipo de "gestores culturales", por desgracia, tenemos que vernos las caras en más de una y en más de dos ocasiones.

martes, 24 de enero de 2012

Jazznécdota #28: La ONCE

En un pueblo de Castilla la Mancha, tras una actuación de una orquesta de la ONCE, el gerente de la sala sin darse cuenta, aparentemente, de que los músicos eran ciegos manifestó su deseo de no volver a contratarles, ya que "se han meado fuera y han puesto el baño perdido".

martes, 10 de enero de 2012

Jazznécdota #27: Una cerveza, por favor

Cómo las gastan algunos. En los clubes de jazz de Madrid es habitual que los músicos, cobren lo que cobren, dispongan de un par de consumiciones por parte de la casa. A partir de la tercera empiezan las negociaciones, de las que el local suele salir triunfador.

Hace unos días, en un famoso club de Nueva Orleáns, tuve la oportunidad de presenciar una animada charla entre el camarero y los miembros de un, también, famoso grupo de jazz justo después de su concierto. Antes de que llegaran a la barra el camarero les dijo: "¡la respuesta es no!", a lo que el bajista replicó jocosamente: "y cuando dices no quieres decir sí, ¿verdad?". El barman zanjó la discusión con un: "cuando digo no quiero decir..." acompañado de un gesto internacional consistente en levantar la mano con el dedo corazón extendido. Acabaron pagando sus cervezas.

martes, 27 de diciembre de 2011

Jazznécdota #26: Las tablas

Me contaba un guitarrista que, hace años, tocando con un grupo de versiones en un pueblo de Guadalajara, notó cómo parte del escenario se levantaba violentamente. Salió volando y cayó de espaldas guitarra en ristre mientras sus pedales salían disparados. ¿Un fenómeno paranormal? No, un grupo de alegres pueblerinos parapetados bajo la estructura que, a modo de broma, empujaron hacia arriba las tablas del escenario.

martes, 13 de diciembre de 2011

Jazznécdota #25: El lenguaje del jazz

Hace un par de semanas presencié un concierto de jazz en un auditorio. Ante esa irritante costumbre española de llegar tarde a cualquier tipo de evento, las acomodadoras tenían orden de no dejar entrar a nadie al recinto en medio de las interpretaciones, de modo que los espectadores retrasados tuvieran que esperar al final del tema en ejecución para poder dirigirse a sus asientos. El problema vino de la mano de ese lenguaje inherente al jazz que todos sus aficionados incorporamos a nuestro modus vivendi de forma natural, pero que no todo el mundo tiene por qué conocer: el público aplaudió calurosamente tras el solo de piano; las acomodadoras, al escuchar aplausos, dejaron entrar a los rezagados creyendo que el tema ya había acabado, y estos ocuparon sus butacas en medio de uno de los momentos que más silencio requerían: el solo de contrabajo.

martes, 29 de noviembre de 2011

Jazznécdota #24: Guitarristas (II)

¡Cómo son los guitarristas! Hace una semana estuve viendo, en primera fila, el concierto que dio en Madrid mi gran ídolo, Pat Metheny. Parte de uno de los temas los interpretaba usando sus dedos, y parte con una púa. En un momento dado, y para facilitar la transición de púa a dedos, la lanzó al borde del escenario, con la suerte de que pude hacerme con ella al final del concierto.

Durante los días sucesivos conté la historia de mi "trofeo" a todos los músicos con los que me crucé. Algunos me daban la enhorabuena, otros hablaban del concierto... Los guitarristas, casi de forma invariable, preguntaban: "¿Cómo es la púa? ¿Blanda o dura? ¿De qué marca?".


PD: Para los guitarristas que leen el blog: es una Planet Waves blanda. Adjunto fotografía.

martes, 15 de noviembre de 2011

Jazznécdota #23: Guitarristas

Los músicos tenemos fama de monotemáticos. No recomiendo a nadie estar cerca de una de esas charlas entre guitarristas o saxofonistas donde comentan sin cesar todas las innovaciones técnicas relacionadas con sus herramientas de trabajo.

Hace unos meses, tras un concierto, el guitarrista y yo nos sentamos a tomar una copa con mi novia, otro amigo guitarrista y su esposa. Por respeto a ambas mujeres (que bastante tienen ya con compartir su vida con músicos) se imponía elegir un tema de conversación genérico. Tras unos instantes de incómodo silencio, a uno de los guitarristas no se le ocurrió otra cosa que preguntar a su compañero de instrumento: "Y tú... ¿qué cuerdas usas?".

martes, 1 de noviembre de 2011

Jazznécdota #23: La hija

Admitámoslo: para mucha gente la música es totalmente secundaria. Hace un par de años, amenizando una boda que dio para mucho (ver Jazznécdota #13), el novio nos instó a finalizar nuestra actuación una vez acabado el cóctel y con los invitados dirigiéndose al salón de celebraciones. Intentamos acabar el tema que estábamos interpretando, pero el flamante esposo se acercó al pianista para felicitarle por la actuación, sujetándole del brazo derecho en mitad de su solo. Profesional como pocos, consiguió tocar una cadencia final con su mano izquierda.

Peor le fue a un amigo guitarrista en un evento a su nombre en otra localidad castellano-manchega. La directora del centro cultural esperaba ansiosa a su hija, que volvía de viaje. Una vez apareció, su madre apagó las luces del centro cultural y, en plena actuación, dio por finalizado el concierto.

martes, 18 de octubre de 2011

Reflexión #6: La desprotección laboral del músico

24 de febrero de 2006. Al final de la prueba de sonido previa a un concierto, en un centro cultural de Madrid, una escalera mal fijada cae sobre el escenario, pasando a escasos centímetros del que escribe y cayendo estruendosamente sobre el cajón del percusionista. Tras meses de infructuosas reclamaciones por daños, y cansado de aplazamientos, respuestas desinformadas y numerosos problemas de contacto, el percusionista desistió en su empeño. Pagó la reparación del instrumento (mucho mayor que el importe percibido por el concierto) de su bolsillo.

En este caso fue un cajón, pero podría haber sido mi propia integridad física. Ni contábamos con Seguridad Social ni con otro tipo de seguro, ni siquiera con un contrato privado u otro documento sujeto a derecho que estableciera un vínculo legal entre empleador (Ayuntamiento de Madrid) y empleado (los seis músicos que actuamos esa noche).

Centros culturales, clubes, pequeñas fiestas corporativas... Eventos todos ellos concertados mediante acuerdo verbal, sin mayor burocracia ni consiguiente cobertura. Tan poca atención merece la profesión de músico que ni siquiera se ha pensado, en estos tiempos de crisis, en hacer frente a la economía sumergida que genera.

Mientras llega ese día mágico en que la regulación se convierta en realidad, compañeros de toda España viven situaciones dantescas, cuentan con enormes dificultades para justificar ingresos de cara a créditos y ven como se aproxima su jubilación sin apenas haber cotizado a la Seguridad Social. Mientras llega ese día todos seguimos expuestos a pésimas condiciones laborales, impagos e incluso accidentes. Mientras llega ese día nos continuarán tratando como ciudadanos de segunda categoría o, según decía aquella ley de hace décadas, como "vagos y maleantes".