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martes, 17 de noviembre de 2015

Jazznécdota #74 - El menú

Aunque uno crea estar curado de espanto, siempre hay vivencias que superan a todas las anteriores. Las amenizaciones de bodas son fuente de anécdotas varias. Como ya se ha comentado en este medio, a veces los responsables tratan a los músicos con desprecio y altivez. Un verano en un pueblo de Toledo tuvimos que tocar durante un largo período de tiempo, yendo a montar el equipo a última hora de la tarde y abandonando el lugar bien entrada la madrugada. Dado que el salón se encontraba en mitad de la carretera y además no queríamos abandonar nuestros instrumentos, pedimos con antelación a la madre de la novia, quien nos había contratado, que hubiese algo de cenar para los músicos. En ningún caso queríamos degustar las mismas exquisiteces que el resto de los invitados. Nos hubiera bastado con un pincho, algo para picar durante las innumerables horas que iba a durar el evento. No esperábamos gran cosa, pero desde luego nos costó creer la respuesta de la señora: "Si queréis cenar el menú son 7,35 euros por músico. Os lo descuento de la paga". 

Llevamos comida de casa.

martes, 3 de abril de 2012

Jazznécdota #31: El cliente siempre tiene la razón

La jazznécdota #29 me hizo recordar innumerables ocasiones en las que, dueños de locales aparte, el público nos ha arrancado una cara de sorpresa, a veces por ignorancia, a veces con malas maneras, a veces con candor y buen propósito. En un club de jazz madrileño bastante grande, y a pesar de la escasa entrada que presentaba, un día se sentó un grupo de gente en la mesa más cercana al escenario y, al cabo de un rato, preguntó al camarero si el grupo podía tocar más bajo, ya que no escuchaban su conversación. Por supuesto fueron instados a sentarse en otra parte del local. Bastante más expeditivo es el dueño de otro club del centro, que no duda en llamar al orden a la clientela cuando el volumen de su charla es irrespetuosa para con el trabajo de los músicos. Recientemente le vi expulsar a un espectador díscolo.

A un amigo pianista que amenizaba un evento de empresa se le acercó un comensal espetándole que si "podía poner otra música". Mejores intenciones tenía una anciana que, en plena cena arrullada a ritmo de jazz, se nos acercó con la siguiente petición: "¿Podéis tocar «Granada»?". El trombonista salió del aprieto con elegancia: "Por supuesto. Si nos trae usted la partitura, estaremos encantados de interpretarla".

martes, 20 de marzo de 2012

Jazznécdota #30: La cena

Hace años, tocando en un pueblo de Ávila, tras la prueba de sonido un hombre se acercó y nos dijo: "Sois los músicos, ¿no? Venid conmigo, que la cena es aquí". Nos llevó a un restaurante en la misma plaza del pueblo, a escasos metros del escenario, y empezó a sacar raciones de lomo, chorizo, morcilla... sin mediar palabra. Convencidos de que formaba parte de la organización, disfrutamos de tan calórica cena. La hora de comienzo del concierto se acercaba, y el hostelero seguía trayendo comida a nuestra mesa mientras decía: "No os preocupéis, que aquí todo empieza tarde. Seguro que todavía no hay público".

Tamaña fue nuestra sorpresa cuando:
  1. Nos cobró la cena, y nada barata.
  2. Al salir del sitio encontramos la plaza llena de gente impaciente y visiblemente enfadada por el retraso en el comienzo del espectáculo.
Entre insultos, miedo e indignación empezamos a tocar.