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martes, 13 de septiembre de 2016

Jazznécdota #82 - Música sobre música

A la gente le encanta preparar sorpresas en las celebraciones. Capaces de planificar con suma meticulosidad cualquier pequeño detalle, son capaces de llevar a cabo esfuerzos leoninos con tal de que el festejado no se entere de la que le tienen preparada hasta el momento preciso. A veces los responsables de los salones de eventos colaboran activamente en tales tramas, a veces molestan más que ayudar. Y en otras ocasiones provocan situaciones surrealistas, como la que me dispongo a narrar a continuación:

Verano en la provincia de Toledo. Una joven pareja contraía matrimonio, y resulta que a ella le gustaba el jazz. El novio nos contrata y nos pide máxima discreción: se trata de una sorpresa. Hemos de llegar a montar los instrumentos con tiempo y empezar a tocar antes de que llegue la pareja, de modo que ella crea estar escuchando una grabación para encontrarse de bruces con músicos de carne y hueso. Buen plan. Organizamos todo con tiempo y, cuando vimos que los invitados empezaban a entrar en el salón de bodas, hablamos con el maître para que apagase la música de fondo que estaba sonando, de modo que pudiésemos empezar a tocar nosotros. Su respuesta: "Esto es un playlist de Spotify que me pidió la novia que sonara durante el cóctel". "Claro que sí", respondimos, "pero nosotros somos la sorpresa, ella no sabe que en vez de su música va a sonar un grupo de verdad". "Yo, lo que me dijo la novia", fue su testaruda respuesta.

Ocurrió lo inevitable: tuvimos que tocar durante todo el cóctel encima de la música de fondo (que, por supuesto, también era jazz). Nadie se dio cuenta, o a nadie pareció molestar. Los novios nos dieron las gracias y, aparentemente, todos firmamos un trabajo excelente (maître incluído).

martes, 17 de noviembre de 2015

Jazznécdota #74 - El menú

Aunque uno crea estar curado de espanto, siempre hay vivencias que superan a todas las anteriores. Las amenizaciones de bodas son fuente de anécdotas varias. Como ya se ha comentado en este medio, a veces los responsables tratan a los músicos con desprecio y altivez. Un verano en un pueblo de Toledo tuvimos que tocar durante un largo período de tiempo, yendo a montar el equipo a última hora de la tarde y abandonando el lugar bien entrada la madrugada. Dado que el salón se encontraba en mitad de la carretera y además no queríamos abandonar nuestros instrumentos, pedimos con antelación a la madre de la novia, quien nos había contratado, que hubiese algo de cenar para los músicos. En ningún caso queríamos degustar las mismas exquisiteces que el resto de los invitados. Nos hubiera bastado con un pincho, algo para picar durante las innumerables horas que iba a durar el evento. No esperábamos gran cosa, pero desde luego nos costó creer la respuesta de la señora: "Si queréis cenar el menú son 7,35 euros por músico. Os lo descuento de la paga". 

Llevamos comida de casa.

martes, 15 de julio de 2014

Jazznécdota #66 - El carrito

Hace poco amenicé una boda en un pueblo de Toledo. La distancia a cubrir entre el aparcamiento y la zona de la actuación era bastante grande y teníamos mucho equipo que cargar, pero los del restaurante nos dijeron que no nos preocupáramos, pues disponían de un carrito. Efectivamente, tenían un carrito... de supermercado. Cumplió su función, pero la imagen de los músicos transportando la mercancía no podía ser más precaria. Menos mal que, para hacerlo funcionar, no tuvimos que introducir una moneda.

martes, 1 de noviembre de 2011

Jazznécdota #23: La hija

Admitámoslo: para mucha gente la música es totalmente secundaria. Hace un par de años, amenizando una boda que dio para mucho (ver Jazznécdota #13), el novio nos instó a finalizar nuestra actuación una vez acabado el cóctel y con los invitados dirigiéndose al salón de celebraciones. Intentamos acabar el tema que estábamos interpretando, pero el flamante esposo se acercó al pianista para felicitarle por la actuación, sujetándole del brazo derecho en mitad de su solo. Profesional como pocos, consiguió tocar una cadencia final con su mano izquierda.

Peor le fue a un amigo guitarrista en un evento a su nombre en otra localidad castellano-manchega. La directora del centro cultural esperaba ansiosa a su hija, que volvía de viaje. Una vez apareció, su madre apagó las luces del centro cultural y, en plena actuación, dio por finalizado el concierto.

martes, 3 de mayo de 2011

Jazznécdota #13: La boda

Ya comenté en otra ocasión el trato dispar que recibimos los músicos en las amenizaciones. En esta ocasión me referiré a una boda acaecida hace dos veranos en una finca toledana. Sol, calor y moscas adornaban nuestro jazz mientras luchábamos contra la deshidratación gracias a unas botellas de agua que conseguimos lidiando por nuestra cuenta con el personal del bar.

Acabada la actuación, visiblemente cansados, el novio y un amigo suyo, quien nos contrató, se acercaron a pagarnos y a felicitarnos por la música. Al final de la conversación el novio posó su mano sobre el hombro del pianista y pronunció un "Bueno..." que en nuestras mentes se completaba con "Bueno... ¿queréis pasar a tomar algo?".

La frase fue "Bueno... ¿sabéis volver a Madrid, verdad?".