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martes, 20 de diciembre de 2016

Jazznécdota #85 - Cool jazz

A finales de los años 40, tras lo que algunos denominaron "los excesos del be-bop", Miles Davis y sus secuaces acuñaron un estilo suave y relajado llamado cool jazz (además de "fresquito", cool -pronunciado /ku:l/- es una expresión coloquial positiva, algo así como el castizo "guay"), y cuyo máximo exponente es el disco del trompetista Birth of the Cool

Hace años, el pintoresco dueño de un club de jazz madrileño defendía las propuestas pausadas y agradables que actuaban en su local diciendo (a saber dónde lo habría leído) que él era de los pocos gestores musicales que programaba "jazz culto".

martes, 18 de octubre de 2016

Jazznécdota #83 - El profesor sin alumnos

Cuenta un amigo músico (llamémosle Recaredo Williams) que, formando parte hace años de la plantilla docente de una escuela de música madrileña, carecía de alumnos. En cambio otro compañero de la misma escuela que tocaba su mismo instrumento (llamémosle Chindasvinto Smith) contaba con bastantes pupilos. Un día mi amigo llamó a la escuela haciéndose pasar por un potencial alumno:

- Buenos días, quería tomar clases con Recaredo Williams.
- Uf, Recaredo tiene todo su horario ocupado, pero te podemos asignar a Chindasvinto Smith, que es muy bueno.

Una experiencia laboral a olvidar, sin duda.

martes, 12 de abril de 2016

Jazznécdota #79 - Programar jazz en directo

Un amigo pianista conoció al dueño de un pub en una bonita zona de ocio nocturno madrileña. El propietario quería dar un cambio de imagen a su local, aparentar exclusividad y ahuyentar a cierta clientela indeseable. Creyó que programar periódicamente conciertos de jazz sería un buen reclamo para el tipo de público deseado, así que encargó al pianista programar la agenda de conciertos. El músico fue al local, estudió las características del posible escenario, las condiciones acústicas de la sala y el equipo necesario, y empezó a elaborar una lista de grupos. Como no habían acordado un caché concreto, preguntó al dueño del local que cuánto presupuesto había para pagar a los músicos, a lo que este respondió: "Ah, ¿pero los músicos de jazz cobráis? ¿No tocáis por gusto?".

Obviamente jamás se dio un concierto en ese pub.

martes, 28 de octubre de 2014

Jazznécdota #69 - Silencio

Silencio es el título del CD que publiqué en 2010 con el grupo de jazz fusion Tet-Quart. El título, idea del pianista Teo Gómez, es elegante y misterioso, pero además da mucho de sí. Una vez estábamos tocando en un club del centro de Madrid ante un grupo de vociferantes espectadores que no cesaban de hablar en voz alta y reír a carcajadas sin prestar atención a las evoluciones de la música. En esos momentos a uno le apetece callar al público a golpes, aunque obviamente esa no sea una opción. Lo que hice fue acercarme al micrófono y decir, con voz firme y solemne: "¡Silencio!". Los maleducados dejaron de hablar inmediatamente y se volvieron, extrañados, hacia el escenario. Continué mi presentación: "Silencio es el título de nuestro CD, ya a la venta".

De poco sirvió: siguieron hablando.

martes, 21 de enero de 2014

Jazznécdota #55: La importancia de las presentaciones

Se dice que los músicos de jazz estamos tan centrados en la música que nos olvidamos de todo lo demás. Además de criticar nuestro atuendo, a veces también recibimos comentarios sobre las presentaciones que hacemos entre tema y tema. El verano pasado, al acercarse el descanso de un concierto en un club madrileño, el pianista quiso sugerir a los asistentes que disfrutaran de una copa hasta el comienzo del segundo pase. Lo hizo con el siguiente lapsus linguae: "Vamos a tocar un tema más y nos vamos a ir al descanso para que podáis consumar tranquilamente".

Por fortuna nadie le hizo caso, al menos en público.

martes, 7 de enero de 2014

Jazznécdota #54: La crisis

Las consecuencias de la crisis económica han sido devastadoras para los músicos, y a todos los niveles. Hace pocos años actuó en Madrid un grupo inglés tangencialmente asociado con el jazz que cuenta con bastantes seguidores. El concierto, en una sala de tamaño considerable, fue un éxito de música y público, y la banda se vio obligada a tocar un tema extra como bis para gozo del respetable. Ya acabada la actuación, con las luces del local encendidas y la gente saliendo de la sala, se organizó un pequeño revuelo: los músicos habían vuelto al escenario. ¿Iban a interpretar un segundo bis? No, por falta de presupuesto ellos mismos estaban recogiendo sus instrumentos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Jazznécdota #53: El micrófono

A veces los técnicos de sonido tienen ocurrencias, cuando menos, curiosas. En otras ocasiones uno duda de si se trata de un auténtico técnico de sonido. En un concierto sobre la terraza de un conocido hotel madrileño, el supuesto técnico vio entre sus enseres un micrófono para bombo de batería y, juzgando por su forma, lo situó sobre un pie para que lo usara la cantante.

martes, 12 de noviembre de 2013

Jazznécdota #51: Que sean monos

Hace unos meses la organizadora de un evento se acercó por la jam session en busca de músicos de jazz aptos para amenizar su celebración, la presentación de una campaña en una boutique de la exclusiva calle de Serrano, en Madrid. Como muchas de las personas que ostentan esos cargos, sabía poco de música y nada de jazz. Además sus criterios de selección eran bastante desconcertantes, de acuerdo a las características estilísticas de los intérpretes. Sagaz como pocos, el batería se dio cuenta de lo que ocurría, obteniendo respuesta afirmativa a la siguiente pregunta: "Te da igual cómo toquen, tú lo que quieres es que los músicos sean monos, ¿verdad?".

He de confesar que mi indignación se acabó convirtiendo en vanidad: fui seleccionado.

martes, 15 de octubre de 2013

Jazznécdota #49: Poca asistencia

Hace poco me hablaron de un par de conciertos de club suspendidos por falta de público. Mi récord personal fue tan triste como surrealista. Ocurrió el sábado 3 de julio de 2010, actuando a dúo en un pequeño café madrileño cercano a la Plaza Mayor. Fue la noche en que España venció a Paraguay en los cuartos de final del mundial de Sudáfrica, que acabó ganando nuestra selección nacional; y coincidió con la celebración del Día del Orgullo Gay. Madrid tenía cosas más importantes que hacer que verme tocar.

Incluso en esas condiciones conseguimos contar con la nada desdeñable cifra de dos espectadores, que por momentos fueron tres: en mitad del concierto (un íntimo recital de boleros y canciones latinas) una señora entró al local atendiendo una llamada telefónica a voces. Ni corta ni perezosa se sentó en una de las banquetas y continuó hablando hasta el final de la conversación, tras la que abandonó el local.

martes, 1 de octubre de 2013

Jazznécdota #48: Montar la batería

El año pasado actué en un local del centro de Madrid que cuenta con batería propia. Al llegar vi al baterista del grupo intentando acoplar las distintas partes del kit percusivo sin éxito. El bombo (ese tambor grande que se activa con un pedal) contaba con dos incisiones superiores donde acoplar más tambores y, se hiciera como se hiciera, el resultado no era satisfactorio, ya que la disposición de los tambores impedía colocar los platillos en el espacio adecuado. Estuvimos un buen rato analizando el problema como si de un reto matemático se tratara. Se unieron a la comisión un amigo guitarrista y, posteriormente, el dueño del local, con visible enfado. Nos parecía increíble que fuera tan complicado montar una batería que se había usado durante años.

El misterio se resolvió en unos minutos: los tambores no cuadraban y las distancias no eran las correctas porque el bombo estaba al revés.

martes, 22 de enero de 2013

Jazznécdota #42: Confirmado

Hace unos años un club de jazz de Madrid cambió de dueño. Ante la posibilidad de apalabrar un concierto en la sala, un guitarrista de jazz fusion entabló conversación con el nuevo propietario quien, sin saber qué estilo tocaba, le dijo: "En este local solo va a sonar swing y be-bop". Y añadió despectivamente: "Quien quiera hacer fusión que se vaya con Pat Metheny". Al rato otro compañero preguntó al guitarrista por las negociaciones, recibiendo la siguiente respuesta:

 Me ha confirmado.
 ¿Te ha confirmado una fecha de concierto?
 No, me ha confirmado que nunca tocaré aquí.

martes, 10 de enero de 2012

Jazznécdota #27: Una cerveza, por favor

Cómo las gastan algunos. En los clubes de jazz de Madrid es habitual que los músicos, cobren lo que cobren, dispongan de un par de consumiciones por parte de la casa. A partir de la tercera empiezan las negociaciones, de las que el local suele salir triunfador.

Hace unos días, en un famoso club de Nueva Orleáns, tuve la oportunidad de presenciar una animada charla entre el camarero y los miembros de un, también, famoso grupo de jazz justo después de su concierto. Antes de que llegaran a la barra el camarero les dijo: "¡la respuesta es no!", a lo que el bajista replicó jocosamente: "y cuando dices no quieres decir sí, ¿verdad?". El barman zanjó la discusión con un: "cuando digo no quiero decir..." acompañado de un gesto internacional consistente en levantar la mano con el dedo corazón extendido. Acabaron pagando sus cervezas.

martes, 29 de noviembre de 2011

Jazznécdota #24: Guitarristas (II)

¡Cómo son los guitarristas! Hace una semana estuve viendo, en primera fila, el concierto que dio en Madrid mi gran ídolo, Pat Metheny. Parte de uno de los temas los interpretaba usando sus dedos, y parte con una púa. En un momento dado, y para facilitar la transición de púa a dedos, la lanzó al borde del escenario, con la suerte de que pude hacerme con ella al final del concierto.

Durante los días sucesivos conté la historia de mi "trofeo" a todos los músicos con los que me crucé. Algunos me daban la enhorabuena, otros hablaban del concierto... Los guitarristas, casi de forma invariable, preguntaban: "¿Cómo es la púa? ¿Blanda o dura? ¿De qué marca?".


PD: Para los guitarristas que leen el blog: es una Planet Waves blanda. Adjunto fotografía.

martes, 18 de octubre de 2011

Reflexión #6: La desprotección laboral del músico

24 de febrero de 2006. Al final de la prueba de sonido previa a un concierto, en un centro cultural de Madrid, una escalera mal fijada cae sobre el escenario, pasando a escasos centímetros del que escribe y cayendo estruendosamente sobre el cajón del percusionista. Tras meses de infructuosas reclamaciones por daños, y cansado de aplazamientos, respuestas desinformadas y numerosos problemas de contacto, el percusionista desistió en su empeño. Pagó la reparación del instrumento (mucho mayor que el importe percibido por el concierto) de su bolsillo.

En este caso fue un cajón, pero podría haber sido mi propia integridad física. Ni contábamos con Seguridad Social ni con otro tipo de seguro, ni siquiera con un contrato privado u otro documento sujeto a derecho que estableciera un vínculo legal entre empleador (Ayuntamiento de Madrid) y empleado (los seis músicos que actuamos esa noche).

Centros culturales, clubes, pequeñas fiestas corporativas... Eventos todos ellos concertados mediante acuerdo verbal, sin mayor burocracia ni consiguiente cobertura. Tan poca atención merece la profesión de músico que ni siquiera se ha pensado, en estos tiempos de crisis, en hacer frente a la economía sumergida que genera.

Mientras llega ese día mágico en que la regulación se convierta en realidad, compañeros de toda España viven situaciones dantescas, cuentan con enormes dificultades para justificar ingresos de cara a créditos y ven como se aproxima su jubilación sin apenas haber cotizado a la Seguridad Social. Mientras llega ese día todos seguimos expuestos a pésimas condiciones laborales, impagos e incluso accidentes. Mientras llega ese día nos continuarán tratando como ciudadanos de segunda categoría o, según decía aquella ley de hace décadas, como "vagos y maleantes".

martes, 31 de mayo de 2011

Jazznécdota #15: El reparto

Hace año y medio, tras actuar en un pequeño y encantador club del centro de Madrid, el dueño me pagó la actuación. Como me pareció bastante grosero repartir el dinero a los músicos en la barra, delante de la gente, insté a mis compañeros a ocupar el espacio del escenario, resguardado al fondo del local en una zona invisible desde la barra y desierta en ese instante.

No conté con la cámara de televisión que ofrece los conciertos al público de la barra, que seguía encendida y que, impertérrita, retransmitió en directo nuestro reparto monetario a todos los presentes.

martes, 3 de mayo de 2011

Jazznécdota #13: La boda

Ya comenté en otra ocasión el trato dispar que recibimos los músicos en las amenizaciones. En esta ocasión me referiré a una boda acaecida hace dos veranos en una finca toledana. Sol, calor y moscas adornaban nuestro jazz mientras luchábamos contra la deshidratación gracias a unas botellas de agua que conseguimos lidiando por nuestra cuenta con el personal del bar.

Acabada la actuación, visiblemente cansados, el novio y un amigo suyo, quien nos contrató, se acercaron a pagarnos y a felicitarnos por la música. Al final de la conversación el novio posó su mano sobre el hombro del pianista y pronunció un "Bueno..." que en nuestras mentes se completaba con "Bueno... ¿queréis pasar a tomar algo?".

La frase fue "Bueno... ¿sabéis volver a Madrid, verdad?".

martes, 19 de abril de 2011

Reflexión #5 - El club de música y jazz San Juan Evangelista, Bien de Interés Cultural

Ni siquiera la religión monopoliza el adjetivo “sagrado”. Lo dice muy claro la Real Academia Española en su cuarta acepción del término: “Digno de veneración y respeto”. Ni que decir tiene que el Club de música y jazz San Juan Evangelista (el Johnny) se ganó esa categoría por méritos propios hace ya bastante tiempo.

Hay quien cree que el Johnny es un auditorio de arte y ensayo, de tendencias contemporáneas, de música para entendidos. La perspectiva que sólo el tiempo otorga demuestra que el arte ha prevalecido sobre el ensayo, que el equipo del San Juan Evangelista es visionario y siempre ha sabido apostar inteligentemente por los valores del futuro. Acompáñenme en un breve recorrido por la historia del club y lo comprenderán.

No hace falta saber mucho de jazz para valorar en su justa medida lo que ha pasado por el escenario del club. Integran la abultada nómina de artistas leyendas como los trompetistas Chet Baker, Dizzy Gillespie (el de la trompeta doblada) o Wynton Marsalis (actual director del neoyorquino Jazz at Lincoln Center), el vibrafonista Gary Burton (decano y posteriormente vicepresidente ejecutivo de la Berklee School of Music), las cantantes Astrud Gilberto (la que grabó la versión original de “La chica de Ipanema”) y Diana Krall, los saxofonistas Dexter Gordon (el de la oscarizada película Round Midnight), Ornette Coleman (el inventor del free jazz) y Paquito D’Rivera, los guitarristas John McLaughlin y John Scofield, los pianistas Chick Corea, McCoy Tyner (del grupo de John Coltrane) y Ahmad Jamal (inspiración de Miles Davis, ni más ni menos), los míticos baterías Max Roach, Art Blakey, Tony Williams y Roy Haynes (algunos llegaron a colaborar con la mismísima Billie Holiday), el contrabajista Dave Holland, el vocalista Bobby McFerrin (el del “Don’t Worry Be Happy”), los abanderados de la libre improvisación Art Ensemble Of Chicago, Cecil Taylor y Archie Shepp o los padres del nuevo jazz europeo Jan Garbarek y Esbjörn Svensson. También pisó sus tablas, por supuesto, lo más granado del jazz nacional, dando cabida a Tete Montoliú, Pedro Iturralde y los “nuevos flamencos” Jorge Pardo, Carles Benavent y Chano Domínguez.

El Johnny también ha sido (es) un templo del flamenco. Enrique Morente, José Mercé, Vicente Amigo, Manolo Sanlúcar, José Menese, Sordera, Felipe Campuzano, Carmen Linares, El Lebrijano y el mismísimo Camarón de la Isla entre muchos otros pasearon su duende por el Colegio Mayor. Si seguimos hablando de músicas de raíz, también se ha contado con el folk de Gwendal, Milladoiro, Oskorri o La Musgaña, la tradición cubana de Irakere o Bebo Valdés, la canción brasileña de Jayme Marques o Tania Maria y el blues de John Hammond. Y no olvidemos el habitual festival de gospel.

¿Algo más? Por supuesto: bandas, cantantes y cantautores de los que regalan sentimientos. Algunos apuestan por la belleza, otros por la melancolía. En algunos casos hablamos de agrupaciones muy valientes en tiempos muy difíciles. La lista estremece: Silvio Rodríguez, José Antonio Labordeta, Mercedes Sosa, Joaquín Sabina, Hilario Camacho, Carlos Cano, Guadalquivir, Jarcha, Mocedades, Triana, Luis Pastor, Javier Ruibal, Ana Belén, Víctor Manuel, El Gran Wyoming, Benito Lertxundi, Jorge Drexler, Javier Krahe.

Menciono a artistas históricos, pero el carácter profético de las programaciones del club no acaba aquí. Hace ya dos años que Esperanza Spalding subió al escenario del Johnny. Acaba de ser galardonada con el premio Grammy a mejor artista revelación. Hace apenas dos semanas pudimos disfrutar de la espectacular actuación de Trombone Shorty, joven cantante, trombonista y trompetista de Nueva Orleáns. Este verano ya figura en la programación de los grandes festivales europeos y estadounidenses, incluyendo el JazzBaltica alemán, el BluesFest de Londres, el italiano Umbría Jazz, nuestro Festival de Jazz de Vitoria y el mítico Newport Jazz Festival en Rhode Island (Estados Unidos).

Revisen, por favor, la compilación. Muchos de estos artistas han copado grandes escenarios internacionales en el marco de festivales masivos. Muchos se han convertido en estrellas de talla mundial. Todos ellos pasaron por este humilde Colegio Mayor. ¿No es grandioso disfrutar en Madrid, en España, de semejante institución? Hay que estar ciego para no verlo.

Se rumorea que el San Juan está pasando por una situación delicada. Se habla de falta de patrocinadores y, muchísimo peor, de falta de apoyo institucional. En el cartel del reciente Festival Jazz es Primavera los logotipos brillaban por su ausencia. ¿Queremos que este país siga a la cola de Europa en materia cultural? ¿Queremos que esta ciudad sea un hazmerreír artístico en comparación con Londres, Amsterdam o Berlín? ¿Queremos perder lo que con tanta pasión, cariño y esfuerzo desinteresado se ha construido a lo largo de cuatro décadas? A principios de los años setenta el Johnny fue capaz de lidiar con la censura franquista, imponiendo la Cultura con una actitud pasiva y silenciosa, nunca resignada. Se ha sabido sacar partido a los escasos activos con que se ha contado, adaptándose continuamente a los tiempos que corren. Sería muy triste que la historia del club (ya integrada en la Historia con mayúsculas) acabase debido a la falta de interés por parte de las entidades, a la falta de mecenazgo, a la falta de subvenciones estatales, autonómicas y locales.

Esperemos que no sea para tanto. Confiemos en el buen hacer de nuestra Administración y en el aplastante sentido común. El Johnny es sagrado. El Johnny es un Bien de Interés Cultural. Sólo falta que le pongan el sello.

martes, 22 de marzo de 2011

Jazznécdota #12: El cobro

Me contaba un saxofonista que una noche tuvo problemas para cobrar un concierto en una ecléctica sala madrileña. Después de reclamar al propietario, éste pidió al músico que le acompañara al sótano del local. Una vez allí, entraron en una sala, el dueño cerró la puerta y, escoltado por un fornido portero de casi dos metros de alto, dijo:

- "No voy a poder pagarte la cantidad acordada. ¿Tienes algún problema con eso?"

Ningún problema. A veces hay que sacrificar la dignidad profesional en pro de la integridad física.

martes, 8 de febrero de 2011

Reflexión #3 - A la gente no le gusta el jazz

Hará algo más de un par de años Víctor Bobeche entrevistó a los miembros de mi grupo de jazz fusion Tet-Quart para su programa radiofónico El Jazzérrimo (http://www.jazzerrimo.com/, Radio Enlace, 107.5 FM Hortaleza-Madrid). Preguntándonos sobre la situación en los clubes de jazz, el pianista Teo Gómez y yo respondimos lo siguiente:

Teo Gómez: "Yo creo que en Madrid lo que falta es público de jazz. La gente no sale a ver conciertos, porque no lo ven en la televisión o no está anunciado, la gente no conoce el jazz. Yo conozco a muy pocas personas que salgan a ver un concierto de jazz, y si hay que pagar algo... parece que la música en directo tiene que ser gratis. Uno tiene que pagar el cine, tiene que pagar el teatro, pero si va a una sala de jazz y la consumición tiene un recargo, la gente se queja".

Víctor Bobeche: "Nos gusta todo gratis".

Arturo Mora: "O todo gratis o todo pagando, pero de verdad, porque luego vas a conciertos del Festival de Jazz de Madrid o de los Veranos de la Villa, a 30 o 35 euros (el año pasado en los Veranos de la Villa ver a George Benson y Al Jarreau costó 70 euros), y hay lleno absoluto. La gente disfruta, porque después de pagar tanto, cómo no vas a disfrutar".

Escuchar la entrevista completa: [1ª parte] [2ª parte].

martes, 28 de diciembre de 2010

Jazznécdota #7: La importancia del contexto

Durante años viví en un barrio obrero de Madrid repoblado en la última década a base de inmigración latina. Me encontraba un día en una famosa hamburguesería de dicho barrio con mi amigo el trombonista mientras discutíamos sobre los errores que estábamos cometiendo al interpretar un tema. En música las notas toman nombres de acuerdo a su duración. Así, una nota que dura cuatro tiempos es una redonda, si dura dos es una blanca, si dura uno una negra, medio una corchea, etc.

El trombonista estaba molesto porque seguíamos sin tocar dos notas negras de la forma adecuada, y no se le ocurrió otra cosa que gritar, en medio de la hamburguesería atestada de inmigrantes ecuatorianos y colombianos: "¡Joder, sólo son dos putas negras!"