Mostrando entradas con la etiqueta cajon. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cajon. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de enero de 2016

Jazznécdota #76 - El cajón

Una de flamenco. Durante varios años un amigo pianista de jazz fue profesor de música en institutos de enseñanza secundaria. Viendo que los adolescentes no se emocionaban con la música clásica, llevó al instituto cajones flamencos para que aprendieran de forma activa. De cara a impartir las clases adecuadamente, el pianista estuvo estudiando cajón durante un tiempo, llegando a tocarlo a bastante buen nivel. No obstante el intérprete más sobresaliente de la clase era un niño gitano, buen conocedor de los palos y ritmos flamencos, que había aprendido ("mamado", como se suele decir) prácticamente desde que nació, a pesar de no contar con educación musical formal. Un día el profesor, consciente de contar con buena competencia técnica, pero sin experiencia real en el mundo de la música gitana por excelencia, le preguntó: "Tú que entiendes de flamenco, ¿qué tal toco el cajón?", a lo que el alumno respondio: "Le falta calle, profe, le falta calle".

martes, 18 de octubre de 2011

Reflexión #6: La desprotección laboral del músico

24 de febrero de 2006. Al final de la prueba de sonido previa a un concierto, en un centro cultural de Madrid, una escalera mal fijada cae sobre el escenario, pasando a escasos centímetros del que escribe y cayendo estruendosamente sobre el cajón del percusionista. Tras meses de infructuosas reclamaciones por daños, y cansado de aplazamientos, respuestas desinformadas y numerosos problemas de contacto, el percusionista desistió en su empeño. Pagó la reparación del instrumento (mucho mayor que el importe percibido por el concierto) de su bolsillo.

En este caso fue un cajón, pero podría haber sido mi propia integridad física. Ni contábamos con Seguridad Social ni con otro tipo de seguro, ni siquiera con un contrato privado u otro documento sujeto a derecho que estableciera un vínculo legal entre empleador (Ayuntamiento de Madrid) y empleado (los seis músicos que actuamos esa noche).

Centros culturales, clubes, pequeñas fiestas corporativas... Eventos todos ellos concertados mediante acuerdo verbal, sin mayor burocracia ni consiguiente cobertura. Tan poca atención merece la profesión de músico que ni siquiera se ha pensado, en estos tiempos de crisis, en hacer frente a la economía sumergida que genera.

Mientras llega ese día mágico en que la regulación se convierta en realidad, compañeros de toda España viven situaciones dantescas, cuentan con enormes dificultades para justificar ingresos de cara a créditos y ven como se aproxima su jubilación sin apenas haber cotizado a la Seguridad Social. Mientras llega ese día todos seguimos expuestos a pésimas condiciones laborales, impagos e incluso accidentes. Mientras llega ese día nos continuarán tratando como ciudadanos de segunda categoría o, según decía aquella ley de hace décadas, como "vagos y maleantes".