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martes, 15 de julio de 2014

Jazznécdota #66 - El carrito

Hace poco amenicé una boda en un pueblo de Toledo. La distancia a cubrir entre el aparcamiento y la zona de la actuación era bastante grande y teníamos mucho equipo que cargar, pero los del restaurante nos dijeron que no nos preocupáramos, pues disponían de un carrito. Efectivamente, tenían un carrito... de supermercado. Cumplió su función, pero la imagen de los músicos transportando la mercancía no podía ser más precaria. Menos mal que, para hacerlo funcionar, no tuvimos que introducir una moneda.

martes, 13 de mayo de 2014

Jazznécdota #63 - Jazz modal

El "So What" de Miles Davis es uno de los grandes ejemplos históricos de jazz modal. En vez de enfrentarse a decenas de acordes en frenética progresión, como era habitual hasta la fecha, el solista debía ofrecer lo mejor de sí mismo improvisando sobre un par de acordes, con las limitaciones que ello conlleva. Poco después de la aparición de "So What" en el mítico álbum Kind of Blue, John Coltrane escribió su "Impressions", más rápido y con una nueva melodía, pero basado en la misma secuencia armónica. Hoy en día no es difícil escuchar ambos temas interpretados a un tempo similar, por lo que un oyente que empiece a escuchar una interpretación a la mitad del tema no sabría si se trata de uno o del otro.

Hace unos años había un grupo de jazz improvisando sobre la citada armonía en un centro comercial de Las Rozas (Madrid). Un pianista que pasaba por allí lo escuchó y, dispuesto a añadir una dosis de humor a la situación, dio instrucciones a su hijo de cinco años. En pleno solo de piano, el niño se acercó al saxofonista y le dijo: «¿Esto es "So What" o "Impressions"?», a lo que el músico le respondió sobresaltado, para disfrute del padre: «¿Tú cómo sabes eso?».

martes, 29 de abril de 2014

Jazznécdota #62 - La dimensión funcional de la música

A veces la música se percibe desde un punto de vista dicotómico cuyos extremos son el arte y ensayo (en nuestro querido jazz hablaríamos del free jazz y otras corrientes avant-garde) y la música de amenizaciones (la musique d'ameublement o "música de mobiliario", que decía Erik Satie). Como toda polarización, la dimensión funcional de la música cuenta con una gradación paulatina. En ocasiones un grupo destinado a crear un ambiente selecto con su interpretación puede tomarse ciertas licencias; otras veces hay que ceñirse al guión.

Me contaba un bajista que, amenizando el convite de una boda que estaba llegando a su punto álgido, alguien de la organización se acercó a la banda y les dijo: "Tocad música de tarta". Sorprendidos, abordaron "La chica de Ipanema" ante la notable aprobación del personal.

martes, 1 de abril de 2014

Jazznécdota #60 - Chavales

Ya se ha comentado en estas mismas páginas (virtuales pero páginas al fin y al cabo): hay amenizaciones en las que un músico se siente tratado como basura. Ciertos dueños de chalets, responsables de comunicación de compañías, maîtres y otros individuos se creen superiores y lo demuestran en cuanto pueden. No sólo es tarea del músico tocar bien, sino también saber estar en todos los sentidos. Hace unos meses un saxofonista pidió al responsable de una finca que hubiera unas sillas sobre el escenario. Aquél gritó a uno de los camareros: "¡Trae unas sillas para estos chavales!". El artista le agarró del hombro, le miró fijamente a los ojos y le dijo con seriedad: "Chavales no. Señores".

Trajeron las sillas, trajeron bebida, les dieron de cenar. Y, lo más importante, les trataron con respeto.

martes, 12 de noviembre de 2013

Jazznécdota #51: Que sean monos

Hace unos meses la organizadora de un evento se acercó por la jam session en busca de músicos de jazz aptos para amenizar su celebración, la presentación de una campaña en una boutique de la exclusiva calle de Serrano, en Madrid. Como muchas de las personas que ostentan esos cargos, sabía poco de música y nada de jazz. Además sus criterios de selección eran bastante desconcertantes, de acuerdo a las características estilísticas de los intérpretes. Sagaz como pocos, el batería se dio cuenta de lo que ocurría, obteniendo respuesta afirmativa a la siguiente pregunta: "Te da igual cómo toquen, tú lo que quieres es que los músicos sean monos, ¿verdad?".

He de confesar que mi indignación se acabó convirtiendo en vanidad: fui seleccionado.

martes, 23 de julio de 2013

Jazznécdota #45: El piano

La tecnología a veces altera la percepción de la música. Los antiguos piano players, el organillo madrileño o el más moderno disklavier de Yamaha son aparatos que permiten reproducir música previamente registrada  en ellos de forma mecánica o electrónica con una intervención mínima por parte del ser humano. En esa línea de acción se encuentran muchos teclados, pianos eléctricos y sintetizadores capaces de albergar canciones enteras que serán reproducidas en su totalidad con solo pulsar una tecla.

No era ese el caso de un esforzado músico que amenizaba un evento acariciando las teclas de un piano de cola. Sin trampa ni cartón, el instrumento obedecía al intérprete sin rechistar, como si fueran uno. En eso que uno de los invitados se acercó y, sin reparar en el carácter acústico del piano, lo señaló y le dijo al pianista: "No llevarás ahí dentro una de Chenoa, ¿verdad?".

martes, 9 de julio de 2013

Jazznécdota #44: Una cerveza

No se sabe muy bien por qué, pero en ciertas amenizaciones de eventos a los responsables les cuesta horrores ser amables con los músicos. Nadie pretende que le inviten a cenar como a un invitado más, pero algún refrigerio que otro siempre es bienvenido, especialmente en los calurosos meses de verano. A veces los encargados se aferran a excusas absurdas para no ofrecer una simple cerveza a los intérpretes. La palma se la lleva la explicación que dieron a un guitarrista en la provincia de Cuenca: "yo os daría una cerveza, pero imaginad que, al salir de aquí, os para la Guardia Civil y os hace soplar".

martes, 14 de diciembre de 2010

Jazznécdota #6: El contrabajo blanco

A veces no es fácil dialogar con organizadores de eventos, menos aún directamente con clientes. Hay una delgada línea entre la petición aceptable (vestir de negro, interpretar un determinado tema) y la caprichosa. La responsable de contratación de grupos de una empresa, con quien me encontraba negociando precios, me pidió que lleváramos siempre un piano de verdad a las amenizaciones, y no un "organillo eléctrico de esos, que queda muy cutre". No parecía creerme cuando le explicaba que el alquiler y transporte de un piano podía ser bastante más caro de lo que pensaba pagarnos.

Más divertida fue la conversación telefónica de un guitarrista con una clienta que le preguntó "si el contrabajo podía ser blanco". Ni corto ni perezoso, respondió: "¿El músico o el instrumento?".

martes, 16 de noviembre de 2010

Jazznécdota #5: La caja de puros

Hace un par de años amenicé a cuarteto una fiesta privada en un lujoso chalet de Pozuelo de Alarcón (localidad cercana a Madrid), con presencia de famosos incluída. A veces los propietarios de semejantes viviendas se muestran naturales, afables y cercanos, recibiendo personalmente a los músicos, dialogando con ellos y ofreciéndoles todo tipo de atenciones. En otras ocasiones hacen gala de un clasismo digno de épocas más oscuras, despreciando a cualquier persona que no se encuentre en su pequeña mansión en calidad de invitado. Prácticamente todos hemos tenido que lidiar alguna vez con amenizaciones de más de tres horas, embutidos en trajes y camisas negras en pleno verano, y sin recibir ni un mísero vaso de agua por parte de los organizadores de la velada (los encargados del catering suelen tener más sentido común y echan un cable siempre que pueden).

En este caso la situación, a priori irritante, se quedó en ridícula. Acabada nuestra actuación, cargados nuestros vehículos con los instrumentos y dispuestos a retirarnos definitivamente, el guitarrista y yo nos acercamos a despedirnos en persona del dueño de la casa (educación ante todo). Éste se encontraba repartiendo puros procedentes de una caja que sostenía abierta sobre su mano izquierda. Al abordarle por detrás se dio la vuelta, nos vio y, tras una instantánea expresión de sorpresa, cerró de golpe la caja de puros, nos dio la mano tímidamente y esperó a que nos alejáramos para volver a ofrecer los preciados cigarros a sus invitados. La sensación con que nos quedamos mi compañero y yo era idéntica, sólo le había faltado decir: "¡coño, los muertos de hambre de los músicos!". Si supiera lo que nos reímos a su costa...