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martes, 14 de junio de 2016

Jazznécdota #81 - Un cuarteto de cuerda

La ignorancia es atrevida. Unos conocidos de un músico de jazz le pidieron que les pusiera en contacto con un cuarteto de cuerda para amenizar un evento. En vez de indicarles que el cuarteto de cuerda es una formación de música clásica (para quien no lo sepa, generalmente compuesta por dos violines, una viola y un violonchelo), y que en sus experiencias musicales él nunca había coincidido con músicos clásicos, lo que hizo fue pasarles el contacto de un grupo de jazz manouche (ese alegre y divertido estilo también conocido como gipsy jazz y popularizado en los años treinta por Django Reinhardt y Stéphane Grappelli) cuya formación incluía violín, contrabajo y dos guitarras acústicas. "Son cuatro instrumentos de cuerda. Técnicamente es un cuarteto de cuerda, ¿no?", razonaba el jazzman.

No solamente no hubo quejas; organizadores e invitados quedaron encantadísimos.

martes, 17 de septiembre de 2013

Jazznécdota #47: Transportar un contrabajo

El contrabajo es un instrumento que levanta pasiones y odios a partes iguales entre quienes lo tocamos. Les recomiendo la novela corta El contrabajo, de Patrick Suskind, al respecto. Su función es básica en un grupo, es el alma, los cimientos, da gusto sentir la vibración de la madera pegada al cuerpo... Pero es un instrumento tosco, poco ágil y nada reconocido. Lo peor de todo tiene que ver con la logística. Transportar un contrabajo es problemático. Hace falta un coche grande, y entrar en automóvil a ciertos locales del centro de Madrid siempre es un problema. Los taxistas nunca paran cuando ven tamaño instrumento, y alguno se ha negado a cargarlo.  Hace años tuve una seria discusión con un conductor de autobús que no quería dejarme entrar con tan voluminoso acompañante, a pesar de que no se iba a separar de mí en ningún momento (sí permitía el paso, no obstante, a esas madres que se desentienden del carrito del niño, con el consiguiente peligro para el resto de viajeros). El colmo del despropósito ocurrió un día en el metro de Madrid, donde un guardia de seguridad me bloqueó el paso en los tornos de entrada y, pensando que hablaba con un músico callejero, intentó negociar conmigo el montante de su "mordida". No tuvo éxito.

martes, 13 de diciembre de 2011

Jazznécdota #25: El lenguaje del jazz

Hace un par de semanas presencié un concierto de jazz en un auditorio. Ante esa irritante costumbre española de llegar tarde a cualquier tipo de evento, las acomodadoras tenían orden de no dejar entrar a nadie al recinto en medio de las interpretaciones, de modo que los espectadores retrasados tuvieran que esperar al final del tema en ejecución para poder dirigirse a sus asientos. El problema vino de la mano de ese lenguaje inherente al jazz que todos sus aficionados incorporamos a nuestro modus vivendi de forma natural, pero que no todo el mundo tiene por qué conocer: el público aplaudió calurosamente tras el solo de piano; las acomodadoras, al escuchar aplausos, dejaron entrar a los rezagados creyendo que el tema ya había acabado, y estos ocuparon sus butacas en medio de uno de los momentos que más silencio requerían: el solo de contrabajo.

martes, 14 de diciembre de 2010

Jazznécdota #6: El contrabajo blanco

A veces no es fácil dialogar con organizadores de eventos, menos aún directamente con clientes. Hay una delgada línea entre la petición aceptable (vestir de negro, interpretar un determinado tema) y la caprichosa. La responsable de contratación de grupos de una empresa, con quien me encontraba negociando precios, me pidió que lleváramos siempre un piano de verdad a las amenizaciones, y no un "organillo eléctrico de esos, que queda muy cutre". No parecía creerme cuando le explicaba que el alquiler y transporte de un piano podía ser bastante más caro de lo que pensaba pagarnos.

Más divertida fue la conversación telefónica de un guitarrista con una clienta que le preguntó "si el contrabajo podía ser blanco". Ni corto ni perezoso, respondió: "¿El músico o el instrumento?".

martes, 7 de septiembre de 2010

Jazznécdota #1 - (In)cultura popular

Aunque nuestro objetivo principal sea intentar comunicar nuestras propuestas a un público receptivo, los que hacemos jazz debemos conformarmos en muchas ocasiones con amenizar fiestas privadas, bodas, cenas de empresa u otro tipo de eventos. Se gana algo de dinero y no se pierde contacto con el directo, pero en algunas ocasiones no se trata de situaciones artísticamente gratificantes.

Hace unos meses actué en un restaurante en un pueblo de Ciudad Real, a dúo de trombón y contrabajo. A pesar de lo inusual de la formación, musicalmente funcionó bastante bien. No debió pensar lo mismo una animosa comensal, que al final del concierto nos comentó:

"Menos mal que habéis parado ya, me estaba rallando la trompeta esa. Anda que el del violonchelo...".